Crítica – Camino a la perdición (Road to Perdition)

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Se avecina tormenta. Ya van asomándose los exámenes, y con ellos llega esa época del año en la que hay que hincar los codos. Pero hincarlos de verdad, no “estudiar” con Snapchat al lado como lleváis haciendo estos últimos meses.

Aunque intentaré que el blog no se quede huérfano durante ese tiempo, es posible que notéis cierta ausencia por mi parte. No os preocupéis, no es permanente; sólo inevitable. Pero basta de malos rollos, que aún queda tiempo hasta los finales y todavía os tengo un par de cosas preparadas. Recordad que aún estamos en este forzado mes de los cómics que me he sacado de la manga.

Empezamos.


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“Cuentan muchas historias sobre Michael Sullivan. Unos dicen que era un hombre bueno; otros que en él no había ni una pizca de bondad. Pero una vez pasé seis semanas viajando con él en el invierno de 1931. Esta es nuestra historia”.

Rock Island, 1931. Durante el ocaso de la Ley Seca unos pocos hombres esperan el final de una era intentando que el cierre del telón les pille en la cima. Son los hombres de negocios, proxenetas, matones y rateros dedicados al tráfico de alcohol. Es el tiempo de Al Capone, las ametralladoras Thompson, y los sobornos. Es el tiempo de Michael Sullivan.

Mano derecha de uno de los grandes hombres de la mafia y asesino a sueldo cuando hace falta, Sullivan compagina su vergonzosa ocupación con su papel como marido y padre de dos hijos. Este delicado equilibrio terminará la noche en la que Michael Jr., deseoso de saber cómo se gana la vida su padre, decide seguirle a una de sus misiones. Arranca de esa forma un relato convencional pero efectivo que juega con temas como la lealtad, el perdón y la siempre socorrida relación paternofilial.

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La reunión de actorazos que se produce en esta cinta es sorprendente. Tenemos a Tom Hanks como protagonista, a Jude Law haciendo de un antagonista raro que da mucha grima y a Daniel Craig como secundario cargante. Por si fuera poco, es una de las últimas películas de Paul Newman, que consigue hacer trascender a su personaje a golpe de declamación y control gestual.

El mayor acierto de Camino a la perdición es ser grandilocuente. Es el relato íntimo de la relación de un padre y un hijo, sí, pero también una historia intergeneracional contada a través de unos personajes perdidos que tratan de salvaguardar la poca integridad que les queda. Condenados a ser hombres malos, los personajes de Camino a la perdición aguardan impacientes el momento de demostrar de lo que son capaces; para bien o para mal. Este tono trascendental empapa la fotografía, las actuaciones y la banda sonora, una partitura de Thomas Newman basada en piano y cuerda que, aunque recuerda a otros de sus trabajos, se desmarca de ellos gracias a unos bienvenidos añadidos a la instrumentación.

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El responsable de todo esto es el Sam Mendes pre-bond, que dirige con mano firme esta historia de pecados heredados y ladrones honrados. Cada secuencia está trabajada con mimo, desde la utilización de la música al reparto, pasando por el montaje y la dirección artística. Por separado, todas y cada una de las escenas de esta película son dignas de un análisis; sin embargo al juntarlas se pueden apreciar las irregularidades, como cierta falta de cohesión y un carácter demasiado episódico.

En Camino a la Perdición hay algún cabo suelto. Tal vez un fallo de adaptación a nivel de guion, tal vez más énfasis en el tono que en la trama… pueden ser muchas cosas y a la vez no es ninguna, pero la cinta se resiente un poco con ello. Resulta falsa en ocasiones, como si nos estuviera manipulando de forma demasiado evidente. En Sin perdón, por ejemplo, también hay momentos de manipulación muy claros, pero la película procura no hacer mucho ruido con ellos. Aquí no ocurre eso. En cualquier caso, nada de lo que preocuparse; esos pequeños momentos de debilidad no echan por tierra lo que es, por lo demás, una historia que merece la pena contar.

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Camino a la perdición es una de esas pocas películas simplemente buenas. Es buena; sin más. Tiene todo lo que tiene que tener  una cinta de sus características. Ni más ni menos. De ella guardarás un buen recuerdo, pero que no será tu primera opción a la hora de hacer una recomendación a alguien. Es una muy buena película, pero no es una gran película.

Dicho lo cual, creo que se impone verla, ¿no os parece?

“Esta es la vida que llevamos, la que elegimos. Y sólo hay una cosa segura: ninguno veremos el cielo”.

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Os voy a contar una cosica: yo antes tenía otro blog (más chapuza) en el que de vez en cuando escribía críticas de pelis. Y la primera que escribí fue una de Camino a la Perdición. Así que, aunque no es el mismo texto, esta es la primera crítica que escribí.

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