Especial – 10 cómics que no van a adaptarse al cine (pero que deberían) – Parte 1/2

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Hay quien cuelga crucifijos en el cabecero de su cama. Yo cuelgo a Peter Parker.

¿Os acordáis de cuando era una persona seria que escribía cosas decentes? Antes hablaba sobre pelis como La vida de Adèle o sobre las influencias de David Lynch. Escribía subordinadas larguísimas y opiniones razonadas; tenía criterio y todo. Ahora me dedico a hablar de señores en mallas. ¿Qué ha salido mal? ¿En qué me he convertido? ¡OH, LA HUMANIDAD!

Me dejo de bromas: es mentira que yo antes tuviera criterio (ni ahora tampoco). Pero bueno, el caso es que tengo ganas de ver pelis guays, estoy cansado de los superhéroes. Como veo que después de Civil War va a pasar bastante tiempo hasta que vuelva a hablar de súpers, voy a darles una despedida guay. Espero que disfrutéis con este especial, que me lo he currado mucho, hombre ya.

Empezamos.


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Por cierto, tengo un icono nuevo 🙂

Hoy en día ser de mi edad y tener un blog de cine es una lata. Es cierto que de vez en cuando le dan una alegría a uno, pero la mayor parte del tiempo es una tarea muy dura. Si no me ocupo yo ¿quién va a gastar su tiempo y su dinero en comentar películas de superhéroes? Todos los programas de cine del país, vale. Pero ¿y el gusto de restregarle mi opinión por la cara a la gente? Eso que no me lo quite nadie. Un gran ego conlleva una gran responsabilidad.

Ahora en serio, a mí me gusta mucho esto de escribir cosas de pelis. El problema es que cuando algo me llega, me llega de verdad, y no me hace gracia que se malvenda. Aborrezco hablar sobre pelis que maltratan cómics que tengo en alta estima.

Estoy en el centro de la encrucijada del friki medio: por un lado me encantaría que se hiciesen pelis de algunos de mis cómics favoritos, pero por otro sé que los destrozarían. Aunque la mayor parte del tiempo respiro tranquilo, ya que ningún productor consideraría dignos de un presupuesto algunos de mis cómics favoritos, creo que esta tregua tiene que acabar: tengo derecho a que destrocen mi estantería. Así que, aun a riesgo de colocarlos en el ojo del huracán, voy a hablar de cuáles son los cómics que quiero ver en una pantalla. Espero no arrepentirme de esto.

Como me ha quedado una entrada bastante larga, la he dividido en dos partes, ambas spoiler free y ordenadas por capricho, no por calidad. La primera va estar dedicada a los superhéroes. La segunda… ya veremos 😉


The Punisher de Garth Ennis (el bueno, el de Marvel MAX)

Empezamos pon un peso pesado. Para los que no lo sepáis, The Punisher es un soldado que vuelve a casa después de Vietnam. Dispuesto a olvidar la guerra y retomar la vida civil, el futuro de Frank Castle termina el día en el que él y su familia son acribillados por unos mafiosos envueltos en una guerra entre bandas. Ese día muere Frank Castle: ha nacido El Castigador, un expeditivo justiciero sin poderes ni identidad secreta para el que cualquier delincuente merece una bala.

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La parte del personaje más explotada desde su primera aparición en el universo de Spiderman son sus cicatrices de guerra. Castle es un veterano, un estratega bélico y un comando curtido. Su desprecio por la vida ajena, sus métodos y su rabia lo dejan muy claro: no es un héroe. De hecho sería un villano si no se dedicase a cazar a gente peor que él. La guerra ha seguido a Frank Castle y él va a llevarla hasta los criminales.

Si os soy sincero, el planteamiento de The Punisher me parece una caca. Va en serio. “Han matado a mi familia, así que voy a matar a todos los mafiosos de la ciudad yo solo”. Me parece demasiado simple, demasiado vacío. De hecho, lo está, como queda patente en algunas historias del personaje. Cuanto más protagonismo trataba de darle Marvel, más claro quedaba que le faltaba algo. Castle fue vapuleado por su editorial, viéndose trasladado de un autor a otro sin que ninguno supiese sacar de él algo más que historietas de aire noir sobre asesinatos de capos de la mafia. Y eso por no hablar de sus resurrecciones… Parecía que El Castigador estaba condenado a ser un digno secundario en los cómics de otros personajes.

Entonces llegó Garth Ennis.

Bajo el sello Marvel Knights, el autor norirlandés desarrolló una etapa memorable del personaje basada en la brutalidad, el gore, el humor negro y la excentricidad. El mundo de los criminales de Punisher pasó a ser una estrambótica galería de feria en la que personajes depravados daban rienda suelta a sus perversiones. Las historias, salpicadas de elementos que jugaban a la comba con la línea que separa lo sublime de lo ridículo, atrajeron a los lectores adultos. La editorial parecía haber encontrado al guionista adecuado para uno de sus personajes más irregulares. Así pues, ¿por qué no darle más control sobre Punisher?

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Thomas Jane en la película El Castigador (2004)

Vale, estoy haciendo trampas aquí, pero creo que está justificado. Como podéis ver en la foto, Punisher ya ha sido adaptado al cine. Tres veces, además. ¿Por qué me empeño, entonces? Porque lo que hizo Garth Ennis con Punisher tras sacarlo de Marvel Knights es uno de los mejores resurgimientos que un autor puede pergeñar. Donde otros sólo veían una máquina de matar anabolizada, Ennis supo encontrar un personaje. Despojado del componente superheróico, El Castigador adquiere un perfil más complejo, mostrando una psicología plagada de dudas y contradicciones soterradas bajo un rígido código de conducta y una actitud antisocial extrema. Su rutina de búsqueda y destrucción se revela como una pulsión de su mentalidad de soldado, como su forma de lidiar con la tragedia. Al contrario que otros autores, Ennis se niega a cambiar la guerra de Punisher. El Castigador nació en Vietnam, tiene cincuenta años y ya no busca ni razones ni excusas, sabe bien quién es y lo que es.

Garth Ennis deja en El Castigador una huella imborrable. Es un hombre que ha lidiado con sus fantasmas a través del dolor y que ahora sólo es capaz de seguir haciendo lo que siempre ha hecho. Está demasiado roto para cambiar, su cruzada es una guerra sin fin. Si a esto sumamos la reinterpretación de su origen que hace Ennis en Born (otro cómic muy guay con ecos de la obra de Zdzislaw Beksinski), estamos sin duda ante el mejor autor que ha tenido el personaje.

“¿Sabes cuál es la diferencia entre venganza y castigo?”

Recientemente hemos podido ver a Frank Castle en la serie Daredevil de Netflix. A pesar de que Thomas Jane lo hacía genial y de que Tom Hardy había mostrado su interés en el ex soldado, Jon Bernthal consigue sacarse de la manga un Punisher a la altura de las expectativas. Estamos ante una iteración modernizada del personaje que tiene muy en cuenta todo lo de MAX y que se ha guardado algunas de sus mejores bazas. En lugar de convertirlo en protagonista, tienen el acierto de hablar sobre qué significa el Castigador para los demás, así como de no detallar demasiado su origen. Bien es cierto que el Punisher de Daredevil habla demasiado y que en ocasiones es más fiel a momentos concretos del cómic que a las líneas generales del personaje, pero aun así es muy potable y nos deja con ganas de más.

Ahora que Predicador, otro cómic de Ennis, va a aparecer bajo el sello de la cadena AMC y que los de Marvel parecen dispuestos a copar también el panorama de las series, un spin off decente de Frank Castle suena plausible. No obstante, veo difícil que en Netflix acometan este enfoque del personaje de forma tajante. Su edad, su tono, sus tramas… una adaptación de este Punisher requiere una dirección férrea. Y es una pena.

Para más información sobre esta saga del personaje, podéis echar un ojo aquí.

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Jon Bernthal en la segunda temporada de Daredevil (2016)


 

El Spiderman de Straczynski

Hemos hablado del resurgimiento de un antihéroe; ahora nos vamos al de un héroe. Aunque desde hace un tiempo el trepamuros de Marvel ha cedido su puesto como cabeza de cartel a Iron Man y compañía, lo cierto es que sigue siendo uno de los personajes más populares de la editorial. Tal vez parezca que ahora está de capa caída, pero eso no es nada. Spidey las ha pasado mucho peores. Creedme cuando os digo que hace unos años el personaje estaba, simple y llanamente, en la mierda. Marvel lo tenía de acá para allá, manteniéndolo en los veintitantos mediante bucles temporales, dimensiones paralelas, clones y cosas raras. ¿Sentido? Ninguno, pero cualquier cosa antes que dejar de publicar. Veis el paralelismo entre Spiderman y Punisher ¿no? Desde luego, la casa de las ideas sabe lucirse a la hora de mimar a sus estrellas.

Se echaba en falta un cambio. Si con El Castigador ese cambio fue Garth Ennis, en el caso de Spiderman el cambio fue Joseph Straczynski.

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Varios autores han dicho que el triunfo de Spiderman ha sido saber crecer con su público. Así pues, ¿qué solución propone Straczynski? Plantar a Peter Parker con 30 años, separado de Mary Jane y vapuleado profesionalmente por echar más horas peleando contra los malos que estudiando. Ahí es nada. Eso sí, en realidad es la misma solución que aplicó Ennis a Castle: dejar que el personaje crezca. Las editoriales de cómics tienen un miedo cerval al cambio, no quieren dejar que sus franquicias maduren por si resulta que a alguien se le ocurre una barbaridad como, no sé… ¡terminar una historia! Si unís esto a la manía que tienen de hacer constantes macroeventos en los que todo cambia para que todo siga igual, tenéis la razón por la que ya no leo grapas.

En fin, que me voy del tema. El caso es que, aunque muchos de los arcos que el autor plantea se quedan a medias, la sola decisión de dejar crecer a Peter Parker ya es un mérito. Y si además te inventas a un malo como Morlun, que mola un puñao, pues ya lo tienes hecho. Viendo la línea que parece llevar Marvel con Spiderman, tiene pinta de que van a seguir con el personaje en el instituto. Habrá que esperar a ver Civil War, pero se me antoja poco probable que vayamos a ver a Parker con treinta años.

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¿Cómo que no tiene gracia? ¿No ves el rictus de cadera que tiene este señor?


 

El Doom Patrol de Grant Morrison

Es sabido que Marvel y DC, como Windows y Apple o Pepsi y Coca-Cola, están muy picadas. Entre las dos hay un tira y afloja lleno de plagio mutuo en el que no termina de quedar claro quién hace las cosas mejor o quién es más original. Aunque van muy igualadas hay algo con lo que DC se anota un tanto: DC tiene el sello Vertigo, sección editorial bajo la que se han publicado cosas tan guays como Sandman, V de Vendetta, Predicador o, en este caso, Doom Patrol.

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¿Hay gente pálida con el pelo negro y alborotado? Pues entonces es Vertigo.

Toma un grupo de superhéroes de la Edad de Plata editorialmente muerto, intenta relanzarlo sin éxito y después pon al frente a Grant Morrison, uno de los guionistas más “especiales” que hay en el mundo del cómic. Lo que sale es una patrulla de parias que luchan contra fuerzas oscuras en una serie de lisérgicas aventuras transdimensionales que mezclan surrealismo, dadaísmo, teología, metafísica, psicología y tropos del género de superhéroes. Exacto: una total y absoluta ida de pinza. Morrison se desata a lo largo de 44 magníficos números en los que solucionar algo de verdad tiene poco o nada que ver con detener al malo. En el mundo convulso de Doom Patrol los personajes sólo son dueños de sí mismos, así que el fin de la realidad o la pérdida de cualquier integridad mental no son excusa para madurar y ser sincero con tus emociones.

Además, lo de ir a Barcelona y utilizar la Sagrada Familia como un diapasón para cancelar el apocalipsis es muy chuli.

Casi nada.

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No dibujas esto a no ser que tengas acceso a una fuente estable de ácido.

Por cierto, también podéis probar con Umbrella Academy, que está bastante chula y se parece a Doom Patrol.


One Punch Man

Sí. Oh, sí. Los calvos molan. ¿No sabéis quién es Saitama ni qué es One Punch Man? Pues os comento. Érase una vez un japonés con ganas de aprender a dibujar manga. ¿Qué hizo? Empezar un webcomic muy mal dibujado donde desarrollaba las improvisadas aventuras de Saitama, un soltero desempleado que se dedicaba a ser superhéroe por hobby. ¿Qué poderes tiene este superhéroe? Pues, básicamente, es fuerte. Tremendamente fuerte, brutalmente fuerte, incomprensiblemente fuerte. Es capaz de matar a quien sea de un puñetazo. A quien sea. Ya está, ese es su poder.

La idea caló, el webcomic se adaptó al manga y, recientemente, a la animación. En otras palabras, que lo que era un tebeo feucho y tontorrón iniciado por un novato ha tenido un boom del recopetín y se ha convertido en uno de los animes más vistos del 2015.

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¿Cómo una idea tan tonta puede funcionar bien? Pues porque en realidad Saitama es Superman llevado al extremo. Siempre va a ganar, no cabe duda; por eso la serie no puede basarse en el aprendizaje del héroe. Siendo una serie de humor, cuando se mira dentro del protagonista se ve la frustración de haber conseguido algo que no se quería realmente y no saber qué hacer con ello. Y eso mola. Explorar lo que puede hacerse a nivel narrativo con un personaje que siempre gana las peleas en un medio aún marcado por Dragon Ball y las historias basadas en la superación es una muy buena idea. One Punch Man no trata de derrotar enemigos; ¡qué más dan los enemigos, si te los vas a ventilar de una guantá! Va de las personas que van conociendo Saitama, de cómo les afecta el contacto con el semidios calvo este y de cómo el protagonista tiene que encontrar motivaciones, retos y alicientes en un mundo que se le queda pequeño.

Esto debería ser adaptado porque el cine se merece un retrato profundo del superhéroe omnipotente y porque One Punch Man deja muchos temas a medio desarrollar. Así que, aunque aquí podría haber puesto cualquiera de los sosías de Superman que ha dado el cómic americano, pongo este porque Saitama mola más.


 

The Boys, de Garth Ennis

Ennis es alfa y omega, así que llegamos al final de esta primera parte con uno de los cómics más bestias que se puede uno leer: The Boys.

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Los malos.

El idilio con los superhéroes termina aquí.

Os cuento de qué va todo esto. Imaginaos a los superhéroes. A todos esos tipos tan monos vestidos de colores con capacidades que trascienden lo posible. ¿De verdad creéis que se dedicarían a luchar contra el mal? ¿Por qué iba Bruce Wayne a ser Batman cuando puede utilizar ese dinero para montar bacanales con Wonder Woman, Linterna Verde y los demás? The Boys habla de qué ocurriría si los súpers no fuesen héroes, de qué ocurre cuando una persona normal se encuentra con la posibilidad de hacer cosas extraordinarias; en definitiva, de cómo el poder en manos del hombre siempre queda limitado por la avaricia, el hedonismo y el desprecio. Y, sí, hay gente buena en The Boys; pero ya os podéis imaginar cómo son la inmensa mayoría.

Los súpers de Garth Ennis no son simplemente “malos”: son malvados y vemos esto con toda crudeza. Al poder hacer lo que quieran, creen que tienen derecho a hacer lo que les venga en gana. Si eso supone violar, humillar, vejar moral y físicamente al prójimo, consumir de todo y matar sólo por el placer de ver satisfechas sus perversiones, mejor que mejor. Con superhéroes como estos es fácil entender por qué en The Boys no hay supervillanos.

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Los no tan malos.

¿Cómo se lucha contra algo así? Con The Boys, cinco hijos de perra que, bajo el mando de alguien que se apellida Carnicero, son capaces de evitar que el mundo se convierta en una orgía de muerte y destrucción. Mediante extorsiones, amenazas, palizas y algún que otro asesinato secreto, este grupo de impresentables financiado por la CIA mantiene a raya a los superhéroes. Y de eso va la historia, de cómo estas personas lidian con algo que escapa a su control y aun así encuentran una forma de hacer que todo siga en orden. Y, por supuesto, de cómo hacer esto acaba con cualquier indicio de bondad que hubiera en ellos. En el mundo de The Boys no te “ensucias las manos”; te metes en el fango hasta el cuello.

Tal vez sea un poco bocas y tenga un idilio con la guerra que nunca acabaré de entender del todo, pero Garth Ennis es un señor con la cabeza muy bien amueblada. Así que si habéis pensado por un segundo que esta idea es plana o que puede no tener desarrollo, os equivocáis. A lo largo de la historia veremos a los protagonistas llegando al fondo del pozo de la moral, a unos personajes rompiéndose bajo la presión de su propia conciencia, a otros reafirmándose en su deseo narcisista de dominar a los demás… y también veremos a El Patriota, uno de los mayores cabrones que ha dado el cómic. Se habla mucho de qué ocurriría si Superman fuese malo, pero nunca se lleva esto a sus últimas consecuencias. En The Boys se hace. Si Superman fuese realmente malvado, si quisiese ser adorado en lugar de admirado, careciese de principios y se moviese únicamente por deseos infantiles, sería algo parecido a esto. Si Superman fuese malo, sería El Patriota. Y, creedme, puede llegar a dar mucho miedo.

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No sé si la foto me ha salido desenfocada o es que debería alejarme un rato de la pantalla del ordenador.

Creo que con eso he terminado con The Boys. Ah, se me olvidaba algo: Garth Ennis tiene la manía de escribir cómics ultraviolentos. ¿No os lo había dicho antes? Pues ya vais avisados.

Tengo un sueño dorado: DC y Marvel uniendo sus franquicias y dejando todo en manos de Garth Ennis para que meta a The Boys en el fregao y masacre a todos los superhéroes en una contundente oda al sadismo.

Tal vez, algún día…


Y así llegamos al final de esta primera parte. Espero haber despertado vuestra curiosidad y haberos incitado a comprar cómics. Nos vemos en la segunda parte con otros cinco cómics que no van a adaptarse al cine (pero que deberían).

¡Hasta luego!

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Yo antes escribía cosas guays… Ahora me dedico a hacer tops sobre superhéroes… ¿¡En qué me equivoqué!?

*Llora*

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3 comentarios en “Especial – 10 cómics que no van a adaptarse al cine (pero que deberían) – Parte 1/2

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