Crítica – Batman v Superman: El amanecer de la justicia

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Este cartel es la respuesta a la pregunta “¿puede una película tener un título más largo que una baguette?”.

¿Qué es eso? ¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No! ¡Es una cola de treintañeros! He visto Batman v Superman y sólo había un niño en una sala llena. No es ninguna sorpresa, pero siempre choca darse cuenta de que el jugador medio de videojuegos tiene casi treinta años. El caso es que por fin han sacado la nueva película de Batman y Superman, una cinta que no solo tiene la misión de arreglar el desaguisado de El hombre de acero, sino que ha de convencer a la audiencia de que el continuum de DC es potente y puede hacer frente al de Marvel.

Así que tras llegar del cine he sacado un par de cómics de la estantería y me he sentado a hojearlos un poco. No soy un experto en tebeos, sólo me gustan, pero por si alguien siente curiosidad, tengo junto a mí Kingdom Come de Mark Waid y Alex Ross, El regreso del caballero oscuro de Frank Miller y el primer año de Injustice, de Tom Taylor y varios dibujantes (Bruno Redondo entre ellos). También tengo a mano el Daredevil de Frank Miller y algo de The Boys y Punisher de Garth Ennis, que tienen que ver con otro tema, pero son chulos igualmente.

Debido a los SPOILERS, voy a ofreceros un resumen rápido. ¿Deberíais ver esta película? Si os gustan los superhéroes, sí. Si os gustan mucho, no. En mi opinión, si estáis familiarizados con el material del párrafo anterior la película no os va a aportar nada realmente, así que podéis esperar a verla en casita. Además, si tenéis en la estantería todos los cómics del párrafo anterior no sería malo ahorrar un poco más. Yo estoy empezando a pensarlo seriamente 😦

¡Al turrón!


Siguiendo el ejemplo de la película que nos ocupa he dividido la crítica en dos partes bien diferenciadas. No os asustéis con el cambio.

Allá por el 2009, cuando el Joker de El caballero oscuro aparecía en todas las fotos de perfil de Tuenti y Los vengadores aún quedaba lejos algunos críticos de cine presagiaron que estábamos ante los primeros signos del cumplimiento de una leyenda. Al fin, tras décadas de espera, llegaría a término profecía hecha por el western en su crepuscular lecho de muerte: un día vendría otro, un género grande y poderoso que monopolizaría las pantallas como sólo los indios y vaqueros lo habían hecho. Iba a producirse la segunda venida. Ese género resultó ser el de superhéroes. Y por mí bien.

Ha pasado bastante tiempo desde entonces y cualquiera ligeramente expuesto a la cultura popular no ha podido dejar de notar la tremenda avalancha de tipos disfrazados. Están por todas partes y, sin embargo, no todos vienen del mismo sitio. Mientras Marvel se ha adueñado secuela tras secuela del género, DC lleva viéndolas venir desde que Nolan terminó con Batman y se retiró a la mesa de producción. La editorial está dejando de ganar todo el dinero que se embolsa su competencia. Esta película supone su asalto a un género ya moribundo, un intento de estrujar algo de zumo de ese medio limón reseco que tienes en el frigorífico de tu casa en el que se ha convertido el cine de superhéroes.

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Cómo te sientes cuando ves un piso sin amueblar.

A la hora de desmarcarse de Marvel, DC ha optado por seguir el camino del Batman de Nolan. Batman v Superman tiene un tono serio y oscuro marcado por la grandilocuencia y el dramatismo. Cada plano nos recuerda la magnitud de la historia que estamos viendo, el choque de ideas que desembocará inevitablemente en un duelo a muerte. Y, me cago en la leche, a ratos funciona maravillosamente bien, sobre todo cuando la película está parada. En algunas imágenes la cinta hereda la textura trabajo de Alex Ross para Kingdom Come y nos hace pensar que al final va a funcionar y todo. Las referencias bíblicas puestas en su sitio (lanza de Longinus de por medio y todo), la figura mesiánica de Superman llevada al límite de la adoración, el tonillo así un poco a Watchmen… Tal vez al final no salga redondo, pero no va mal.

Incluso la acción está bastante bien. Snyder se ha quedado con la copla de qué era lo que fallaba en El hombre de acero y ha optado por traernos una acción en principio más contenida. Las peleas se basan más en la cinética de los golpes y en los cortes de montaje que en ver de forma estática como el objeto A golpea al objeto B haciéndole describir un arco X a través de un edificio de altura Y. En algunos momentos se le va la pinza y empieza a jugar a Dragon Ball con los personajes, pero la peli mola mucho hasta que llega el momento de lanzar kamehamehas y esas cosas.

Sobre esta estética se plantean una serie de temas muy bien elegidos de entre el material original. La historia empieza hablándonos de miedo, de intolerancia, de justicia, de la legitimación del poder a través de la fuerza, de la desobediencia civil, del control del estado y de la naturaleza del gobierno. Ahí es nada. Los temas de Batman v Superman son el corazón de las mejores historias de los personajes que vemos en pantalla. Sin embargo no consiguen que nos olvidemos de que también nos están contando la historia de unos tipos que van por ahí con los calzoncillos por fuera. El mayor acierto de Marvel es aceptar la infantilidad de su propio planteamiento, pudiendo construir películas espectaculares en las que la autoparodia y el carisma de los personajes mueven la trama. DC falla al querer convencernos de que lo que estamos viendo es algo serio de verdad. Los personajes están dibujados con un trazo tan gordo que por extrema su lucha de ideas acaba pareciendo una pelea de patio de colegio entre dos niños especialmente cabezones.

Y extrañamente, al mismo tiempo creo que nunca he visto a Batman y a Superman tan bien retratados en pantalla.

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En el lado derecho del cuadrilátero, de negro integral, el Señor de la Noche, el murciélago de Gotham, el Batman de Frank Miller. Orgulloso, maduro, obsesivo y agresivo hasta la rabia, el Caballero Oscuro muestra en esta película su cara más peligrosa, la de un hombre que, al igual que su adversario, hace lo que quiere porque puede. Ben Affleck interpreta magníficamente a un Bruce Wayne con crisis de madurez para el que la mera existencia de Superman significa una amenaza a su masculinidad. Necesita ser el gallo más grande del corral y para ello desarrolla un absoluto desprecio por el bienestar ajeno. Batman necesita dejar su marca, convierte a Superman en su cruzada personal. Se acabó ese héroe cuyos rivales terminaban las peleas magullados, pero enteros; este Batman dispara, acuchilla y hace saltar por los aires a cualquiera que se le ponga por delante. Sencillamente, se ha vuelto cruel. En las palabras que Frank Miller dedicó a Neal Adams, este Batman “vuelve a parecer aterrador”.

Eso sí, como “mejor detective del mundo” no vale un cagarro, porque no pilla ni una. Y, por cierto, no busquéis ninguna explicación sobre qué ha pasado con Selina Kyle ni sobre qué ha hecho Bruce Wayne en los últimos años. No dicen ná. Ha estado haciendo crossfit y punto. Nah, es que se supone que Nolan no ha pasado.

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Y en el rincón izquierdo, de azul y rojo, el hombre que vino del cielo, el hijo de Krypton, Jesucristo con capa… ¡Superman! Nunca pensé que diría esto de una película de Zack Snyder, pero me gusta este Superman. Me gustan las connotaciones mesiánicas que tiene, me gusta el respeto a su funcionamiento dentro del mundo, lo claro que se deja que la única razón por la que protege la Tierra es porque Lois Lane vive en ella, los toques de su mitología que encajan en su sitio. Me gusta que tenga que pararse un segundo para pensar en si entrar por la portezuela del banquillo de los acusados; me gusta lo ridículo de ese momento. Sin embargo, de este Superman se les olvida… bueno ¡que es Superman! Estás hablando del que, junto a Spiderman, es el máximo embajador de la corrección moral. Es el epítome de la bondad, el único miembro de la JLA que permanece estoico e incorruptible como símbolo de rectitud. Que Superman cruce la línea de matar a alguien es algo tan alejado de su personaje que en los cómics hay sagas what if que parten de qué ocurriría si rebasase ese límite. Entiendo que tirar del mito puede ser muy funcional, pero el sacrificio de un héroe sólo es meritorio si ha llegado a serlo, y este Superman no lo es. En las dos últimas películas le hemos visto mucho tiempo poniendo cara seria y rompiendo cosas, pero muy poco haciendo de héroe.

Eso sí, no busquéis en él evolución ni leches. Snyder intenta que su Superman parezca grave y semidivino y lo que consigue es hacerlo inhumano en el mal sentido. En lugar de como un titán demasiado terrenal, Kent es retratado como un armario ropero soberbio y con problemas de autocontrol que tiene pinta de necesitar un psicólogo y un abrazo.

Así que, en general, creo que Lex Luthor lleva razón al decir que esta es la mayor pelea de gladiadores de todos los tiempos, porque eso es justo lo que son. Son muy súper, pero no son héroes; ni siquiera son buenos, actúan sólo para su propio beneficio. Me parece genial que Batman y Superman sean unos ególatras con un poder que excede las responsabilidades que aceptan. Así quedan como personajes cuestionables cuyas ideas están constantemente en tela de juicio. Son cerrados, brutales y orgullosos, te crees que estén dispuestos a matar al otro sólo por la satisfacción de prevalecer. Demuestran que los extremos no funcionan.

Al menos, durante media película.

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La mitad de la película es lo que os he dicho hasta ahora. Son ideas medianamente guays, una apertura hacia algo que promete ser épico, un poco de batiburrillo personal con los personajes. Aunque algo lento, todo va por el buen camino… hasta que descarrila. En Batman v Superman hay dos tramas distintas: una es la historia que te están contando y la otra es la historia de DC diciéndonos que pueden molar tanto como Marvel. Y esta película no es lo suficientemente grande para las dos. Montamos un cirio tremendo para conseguir que estos dos se pongan a pelear, construimos un villano cojonudo que es malo de verdad… y luego que se den la mano, aquí todos somos amigos, vamos a trabajar en equipo porque está aquí Doomsday y es un bicho muy grande y muy tocho y… ¿es esa Wonder Woman? Pues que se venga también. Y Aquaman. Y Cyborg. Y Flash del futuro para decirnos que hay que salvar a la animadora Lois Lane.

Zack Snyder es el equivalente cinematográfico de Mark Millar.

He ido a ver la película con varios amigos y, efectivamente, no han pillado lo de Cyborg, ni lo de Aquaman, ni lo de Flash. “¿Qué es esa cosa de luz que hace la chica al final de la peli para atrapar al bicho?”. Pues es Wonder Woman y tiene un lazo, pero es normal que no lo sepas porque simplemente te la han plantado ahí en medio por las buenas y no te han dicho quién es ni qué pinta en el fregao.  Está allí porque si Marvel tiene un equipo de superhéroes, nosotros tenemos dos tazas. Y si ya encima intentas hacer chistes sobre “oh, qué sorpresa, una tía peleona” en una película en la que nadie ha hecho una broma en cincuenta minutos, apaga y vámonos. En serio, estos dos llevan mal el tema de reírse. Cada chiste le sienta a la peli como un tiro. La sombra de Nolan es alargada.

Las ganas de hacer una serie de películas a partir de esto son importantes. Demasiado. Llamadme gilipollas si queréis, pero me sigue reventando que se hagan películas como si fuesen capítulos de series. ¿Sabéis por qué a Marvel le ha salido bien? Porque ha sabido variar su tono, introducir con mucho cuidado las frikadas a la audiencia nueva y hacer películas que sean UNIDADES que se puedan ver más o menos solas. Esperaban a las famosas escenas post-créditos para marcarse sus “continuará…”. ¡Anda, si ahora resulta que la escena post-créditos tiene sentido, que no era una aberración de la naturaleza! Si te interesa la ves y si no te vas a tu casa habiendo visto una película, no un episodio piloto. En lugar de eso aquí tenemos un bombardeo constante de personajes y un espectáculo grandilocuente y vacío que carece de resolución para las ideas que se llevan desarrollando media película. Como digo, se dan la mano y ya son amigos. Que ya sé que habría quien le echaría una buena mano a Henry Cavill y a Ben Affleck, pero no estamos hablando de eso.

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Es hora de que aprendas lo que significa ser un hombre”.

En conclusión, Batman v Superman es una película muy equilibrada. Es decir, que sales del cine igual que entras. Me explico: tiene cosas tan buenas y cosas tan rastreras y perezosas que al final deja el riel de la balanza a cero.  Es algo diferente a lo de Marvel, es más oscuro y más serio, algo hecho “para adultos”; sin embargo, es sorprendentemente infantil. Sacar personajes desnudos, hacer que tus protagonistas maten y ponerte afectada y trágica no te hace una película de mayor calado. Y si además barajas unas ideas acordes a tu tono y público para después descartarlas y hacer pirotecnia, mal vamos. A diferencia del material del que parte, Batman v Superman es un viaje de no retorno hacia aquello que más temo cuando llego a casa y empiezo a leer un cómic que acabo de comprar: la banalización. De todas formas, ¿tendríamos que haber esperado algo más del director de Sucker Punch? Estamos hablando de un tío que fue capaz de convertir esa obra maestra que es Watchmen en una película mediocre.

Me da por pensar que estoy siendo muy duro con esta película, que igual está entretenida y con eso cumple. Desde luego, Batman v Superman no es una película mala, pero se esfuerza mucho por serlo. Siento que estoy viendo merchandising en lugar de una película. ¿Os acordáis de lo guay que era El caballero oscuro? DC se hace sombra a sí misma desde el cine y desde el cómic. Tiene que enderezar su camino, sobre todo teniendo en cuenta la brutal competencia de una Marvel que ha encontrado un sitio para ubicar todo su arsenal. Cuando tu competencia consigue adaptar incluso sus personajes menos populares mejor de lo que tú lo haces con tus pesos pesados estás haciendo algo mal.

Espero que Escuadrón suicida esté algo mejor, ya que va a ser de cachondeo. Me fastidiaría mucho echar en una entrada el dinero que podría ir a la hucha. O a más cómics. Debo ser masoquista.

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3 comentarios en “Crítica – Batman v Superman: El amanecer de la justicia

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