Crítica – El renacido (The revenant)

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¡Hola, niños y niñas!

El pasado viernes se estrenó con retraso en nuestros cines El renacido. La nueva peli de Iñárritu cuenta con un reparto bastante solvente encabezado por los chachis DiCaprio y Tom Hardy. Entre eso y la factura técnica que tiene, El renacido se ha echado a la espalda un pegotaco de candidaturas a los Oscar. Y… bueno… pues eso, que la he visto.

Y ahora, la pregunta. ¿Qué me he encontrado? Pues os lo cuento.

Empezamos.


Cuando vi el primer tráiler de El renacido, quedé todo contento. Paisajes grandes y evocadores, un señor apartado del mundo que sobrevive frente a la naturaleza, animales salvajes, DiCaprio, Mad Max. A todas luces parecía una peli que me podía gustar. Sin embargo, no sabía qué pensar, porque ya sabemos lo especialito que se puede poner Iñárritu cuando quiere. En resumen, que me daba un pelín de miedo encontrarme aquí con otro latazo como Birdman.

Sí, acabo de decir que Birdman era un latazo; porque lo era. Pero eso es una historia que (ya si acaso) será contada en otra ocasión. Basta ahora con decir que las decisiones de su director, salvo en contadas escenas, deslucen la película más que otra cosa, convirtiéndola en un producto pretencioso que, a pesar de ser bastante disfrutable, tiene la soberbia de querer situarse siempre por encima de su audiencia. Era curiosa, pero no llevaba a ninguna parte. En El renacido no pasa eso. Al menos, no del todo.

Al igual que su predecesora, la nueva película de Iñárritu tiene muchos planos secuencia, pero los reserva para la acción y para los momentos más agobiantes. En estas escenas hay un cambio respecto a Birdman, y ese cambio es una de las claves de la película que nos ocupa. Mientras que en Birdman la cámara era un elemento vicario y estático, en El renacido cobra presencia física, está en la escena. Es una cámara inestable que reacciona ante los personajes y se ensucia con ellos, llenándose de agua, nieve y vaho. Podemos sentir la oclusión del ambiente en un desenfoque que deforma el espacio, haciendo hincapié en la magnitud de las distancias. Aquí los planos secuencia están más medidos y tienen razón de ser; sí funcionan.

Entre otras cosas, funcionan porque tenemos algo con lo que contrastarlos. Esas tomas largas, a veces agobiantes, a veces frenéticas, se alternan con escenas montadas de manera convencional, y en particular con dos series de imágenes: las ensoñaciones del protagonista, breves y tendentes a la abstracción, y las imágenes de la naturaleza, de intención evocadora. Estas últimas son imágenes sobrecogedoras, momentos donde se pone de manifiesto la enormidad del escenario y el hombre se vuelve insignificante, donde la lucha parece tener menos sentido.

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En El renacido

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… hay muchos…

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… salvapantallas. Pero qué bonicos, oye.

La constante en todas las imágenes es una fotografía acojonante. Desde Interstellar no veía una foto que me impresionara tanto. Emmanuel Lubezki se ha marcado una película que seguramente le va a valer otro Oscar y que está en la línea de su trabajo en Hijos de los hombres (prima hermana de El renacido). Las imágenes cumplen sus intenciones: nos metemos en la historia y nos olvidamos de que estamos en el cine. Nos vamos a Canadá, a tomar por saco, a pasar frío, a oler la tierra húmeda y a sentirnos solos. ¿Por qué esta dualidad en las imágenes? Porque ahí reside uno de los temas de la película: el hombre frente a la naturaleza. El medio como un leviatán ingobernable que somete todo aquello que contiene y ante el que sólo cabe tratar de resistir lo inevitable durante el mayor tiempo posible.

Y de resistir habla también esta película, de negarse a morir hasta el último aliento, y de seguir respirando para seguir luchando; por eso tenemos que ser capaces de oír ese aliento. En esta película el sonido no es únicamente eso que pasa en tus orejas mientras miras la pantalla; nos dice cosas. Podemos escuchar el aire que sale por la garganta del protagonista, el crujir de la nieve bajo los pies, el correr del agua, las zarpas del oso cortando la carne y miles de minúsculos sonidos que sólo se escuchan cuando hay silencio. Hugh Glass está sólo con todo eso, y nosotros también.

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Leo aplaude y sonríe cuando le dan los premios a los demás, pero luego llega a casa y se pone así.

DiCaprio lo hace muy bien, está muy guay. Muy chulo todo. Que le den el Oscar. No sé si se lo merecerá o no, porque soy muy malo juzgando a los actores, pero deberían dárselo por su propio bien. Quiero decir: en Django Desencadenado se rajó una mano, y aquí se mete unas cuantas veces en agua helada tentando a la hipotermia. Vamos, que cualquier día de estos acepta el papel protagonista de una película snuff y hasta ahí se supo. ¡Señores de la Academia, deténganle!

No obstante, el buen hacer de DiCaprio y Tom Hardy cae en parte en saco roto. Y es que el último tema del que habla la película, de lo que trata su historia, es de venganza. “Has matado a mi familia, te voy a matar”. Pues eso, que lo hemos visto un millón de veces. Pero bueno, a mí me gusta Wanted; quiero decir, en peores plazas hemos toreao. El problema de El renacido no es que no nos cuenta nada nuevo, sino que nos sobreexpone a la tragedia del protagonista. Tenemos que sentir su historia, preocuparnos por él, desear que triunfe… y no. No funciona.

Hugh Glass sufre el síndrome de En busca de la felicidad: todo le pasa a él. En serio, le pasa de todo al pobre hombre. Le muerde un oso, le disparan, le apuñalan, le entierran vivo, le atacan los indios, se despeña por un barranco, se cae por una cascada, se quema, le persiguen los franceses (aunque esto es más un problema para los franceses que para él)… Y sobrevive a todo. Bien es cierto que se duele y lo pasa mal, pero es demasiado DiCaprio para morir: sabemos que no va a pasarle nada que no tenga que pasarle. No nos implicamos con él.

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¡Viene Boyero! ¡Corred!

Aunque la película sabe cómo quiere contarnos las cosas, tiene poco que contar. Mirad, se resume en tres frases: “John Fitzgerald mató a mi hijo”, “todos somos unos salvajes” y “matarme no te devolverá a tu hijo”. No sé a vosotros, pero a mí cuando me tratan como si no hubiera visto ninguna otra película en mi vida me da un poco de pereza. Pues haceos a la idea de que estas tres frases aparecen de forma literal en la película. Y no sé por qué; que a Iñárritu le de por imitar a Malick a ratos no significa que se haya vuelto tan obtuso como él. Podemos darnos cuenta de que la venganza es el motivo para seguir de este señor, de que cuando la lleve a cabo ya no le quedará nada por lo que luchar y tendrá que aceptar que está solo y comprender que la lucha de vivir no termina nunca.

Todos hemos visto GladiatorLa chaqueta metálica y un par de wuxias para echar la siesta; ya sabemos cómo va esto. Un indio ahorcado ya dice suficiente por sí solo; no necesitamos carteles que nos lo expliquen. No penséis que soy un sibarita cuando digo todo esto; a mí me pones a un tío que quiere matar a otro y no necesito más para ver la película. Lo que pasa es que no lo entiendo. No entiendo que, en su empeño por ser guionista, el director de Amores perros y 21 gramos se olvide tanto de las historias. Busca convertirse en un director de grandes audiencias, pero le está saliendo raro.

Hace unos años salió un juego llamado Dead Space del que se dijo que, aunque era un Frankenstein de mecánicas extraídas de otros juegos, era muy bueno y conseguía lo que se proponía. Con la última peli de Iñárritu pasa algo similar: es un pelín Valhalla Rising en la brutalidad, un pelín Master and Commander en el romanticismo frío, un pelín Malick en la forma de mirar la naturaleza, un pelín Cuarón en la forma de presentar la acción, un pelín Arvo Pärt a la hora de parir la música… Se le ven las piezas, puedes darte cuenta de qué funciona bien y qué no, pero el resultado es tan chulo que es una tontería señalar sus fallos. Es una experiencia que se disfruta y punto.

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¿Ahta cuagdo dihej gue tenemog gue ejtag ají?

El renacido es una película en la que el continente prima sobre el contenido, pero que resulta absorbente y consigue hacernos llegar sensaciones, aunque no emociones. En definitiva, como drama es muy flojucha, pero como peli de aventuras es cojonuda. Me ha gustado esta peli, tengo ganas de dejarla reposar un tiempo y volver a verla, a ver qué tal madura.

Como quiniela para los Oscars, lo único que voy a decir es que prefiero vivir en un mundo en el que la Academia reconoce que el cine necesita más películas como Mad Max: Fury Road. Esa es mi apuesta para estos premios, me da igual equivocarme. Es mi caballo. Además (no voy a ahorrarme el comentario), sólo hay dos personajes femeninos en El renacido. Uno está muerto para que el protagonista sea más trágico y al otro lo violan para que el protagonista parezca mejor persona.

Ea, hasta luego.

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A mí los Revenant que me molan son estos.

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Un comentario en “Crítica – El renacido (The revenant)

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