Crítica – Conan el bárbaro (2011)

 

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Niños, estoy de luto.

Después de esquivar esta película más de una vez –se olía el percal– por fin me he decidido a verla. Y se me ha caído un mito.

Iba el mito en bicicleta, estaba el camino lleno piedras y se ha caído de morros porque la rueda de delante se le ha atascado de golpe. Total, que el mito se ha quedado sin dientes. Creo que nunca me he puesto destroyer en el blog, pero es que nunca había tenido que analizar seriamente una película malucha.

Empezamos.

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Estamos en el año 2011. Furia de titanes se ha llevado un buen trozo de taquilla y Juego de tronos ya no es sólo un libro para frikis. El público pide fantasía, así que Lionsgate ultima la película que resucitará al personaje de Conan tras el largo tiempo transcurrido desde Schwartzenegger. Parecía que los astros se alineaban, pero debía haber alguno fuera de órbita.

Conan el bárbaro (2011) no es una película con la que uno se encuentra. Es, como una piedra inoportuna, una película con la que uno se tropieza.

Empecemos con lo más visible, la elección de Jason Momoa como Conan. ¿Cumple? Pues la verdad es que no es un mal Conan; tiene el físico bastante desarrollado y no gesticula tan brutalmente como Schwartzenegger, así que le damos un suficiente. El resto del reparto… no está mal, aunque ninguno pasa de lo estrictamente correcto. Sin embargo la solvencia de los actores, lejos de hacer más llevaderas las casi dos horas que dura esta pantomima, pone de manifiesto la parte de la producción que emite el tufo más fuerte: el guion.

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Unreal Engine Showreel.

¡Ay madre, el guion! La película se desmorona bajo el peso de una narración que apenas tiene el mérito de conectar de forma más o menos lógica las sobreabundantes escenas de acción. No solamente hemos visto esta misma historia veinte veces, sino que a las pocas escenas ya tenemos claro que no queremos volver a verla.

Tenemos que sufrir un guion que plantea situaciones ridículas de las que después no sabe cómo salir con dignidad, que es incapaz de imprimir en sus personajes el más mínimo atisbo de evolución y que destroza absolutamente cualquier subtexto que pudieran tener las anteriores adaptaciones del personaje al cine.

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… y te ofrezco a mi hijo Isaac…

El Conan de Milius era legendario con todas las letras. Cada escena de la película contenía una fuerza que el de Nispel no iguala ni sumando todo su metraje; es una leyenda de corchopán. Del secreto del acero, que sirviera para trasladar a Nietzsche hasta la era hyboria, sólo queda un chiste. Y además en uno malo.

Creo recordar que fue Loulogio el que dijo, hablando de El hombre de acero, que uno de los fallos de la película era no tener sentido de la mesura. El ejemplo que ponía era el siguiente: en la película de Superman original el padre de Clark Kent muere de un infarto. Ahí el personaje aprende a ser humilde, porque se ha dado cuenta de que sus poderes no son ilimitados (no puede salvar a todo el mundo) y de que no es invulnerable (la muerte de su padre le duele). Y ya está. Sencillo y para toda la familia. El hombre de acero, para hacer lo mismo, necesita un atasco, un tornado, millones en efectos especiales y más tiempo del que la escena merece; y encima no consigue transmitir ese cambio en el personaje.

En este Conan pasa igual. En la de 1982 la masacre de la aldea era un momento preciosista en el que no se decía ni una maldita palabra; la escena mostraba no sólo la brutalidad del ataque, sino también su lado más poético, y marcaba la relación de Conan con la violencia desde ahí hasta el final de la historia. El Conan de 2011 opta por construir una situación que, de tan inverosímil, produce risa.

Los diálogos también se tienen que llevar su ración de hostias, porque son una joya. Son tendenciosos, vacíos y absurdamente apegados a la declamación más barata. Homero se revuelve en el éter. Lo bueno es que dejan algunos momentos dignos de parar la película para reírse a gusto.

Tampoco me quiero olvidar del namedropping. ¿Por qué todo tiene que tener un nombre? Si no recuerdo ni la mitad de los nombres de El señor de los Anillos, a ver a santo de qué tendría que retener la retahíla de topónimos de Conan. Eso sí, al final hay un momento muy bueno en el que los malos llevan a la novia de Conan (porque este es el tipo de guion que usa a las novias para eso) a una cueva con forma de calavera. Entonces un secundario insulso dice: “la llevan a La Cueva de la Calavera”; al fin un nombre que puedo recordar.

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El amigo negro de Conan tratando inútilmente de resistirse al androcentrismo. “No… debo… mirar… domingas…”.

Podemos pasar un guion pobre en una película de acción (aunque a veces duela un poco) siempre que las escenas de acción tengan fuste. Pues no voy a entrar en detalles en cuanto a las escenas de acción de Conan, simplemente diré que no tienen alma. Todas son la misma pelea tontamente acrobática y relativamente bien coreografiada con un planteamiento deficiente. Pecan de ser de acción y no tener carácter de escena; no significan nada para los personajes ni para el espectador. La mejor acción de la película la encontramos en la escena de Conan niño, en la nieve. A partir de ahí, todo cuesta abajo.

No hay brutalidad en las peleas. Las espadas se mueven solas y la sangre salta de sitios de los que no debería en un vano intento de simular visceralidad. En lugar de tener a bárbaros golpeando trozos de acero de forja con contundencia tenemos a unos señores que hacen movimientos muy floridos con armas que dan la sensación de pesar lo mismo que el papel de aluminio. Este Conan debe entrenar haciendo spinning o algo así.

Sería un insulto a la banda sonora de Basil Poledouris compararla con la de Tyler Bates.

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Si se hubiesen olvidado de la tontería del cursillo de guerreros, esta escena todavía podría decir algo sobre Conan.

¿Acaso Conan el bárbaro (2011) no tiene nada bueno? Sí, pero sólo dos cosas. Una es el Conan niño, que le da mil vueltas a Jorge Sanz; sabe esgrima y todo. La otra es el vestuario. No lo cambiaría por el de la del chuache (por mucho casco con pinchos cutre que saliera), pero es bonico, oye. Sólo el vestuario, que conste; en cuanto a puesta en escena… sobra After Effects y falta Ávila por todos lados.

En definitiva, ¿entretiene Conan? No mucho, ni siquiera con el piloto automático puesto se pueden obviar las carencias de la película. Puedes hacer cosas mejores con tu tiempo libre en lugar de ver este Conan (ver el de 1982, por ejemplo). Pero bueno, si el cine no nos diese de vez en cuando algún disgusto, no apreciaríamos las alegrías que puede traer.

Me voy a despedir con un diálogo de la película. Es del final, cuando Conan se despide de la novia:

  • Gracias por traerme a mi hogar. Sé que tienes que irte.
  • Sé feliz, Tamara. Hasta la vista.

O.O

“Sé hace quince minutos he dicho que iba a la fortaleza del mal para salvarte y tal, pero ahora me importas una mierda. Mira, soy un personaje contradictorio y complejo :D” NO.

Dren.PNG

Me recuerda a alguien

Pues vale, hasta la vista.

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Un comentario en “Crítica – Conan el bárbaro (2011)

  1. Pingback: Mad Max: furia en la carretera | El sitio ese de las pelis

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