Mad Max: furia en la carretera

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Los hombres historia cuentan la leyenda del guerrero de la carretera, aquel al que llamábamos Max. Para entender quién era, hay que entender el mundo del que venía… el mundo de 1980.

Hace ya casi 35 años desde que George Miller consiguiera sentar con Mad Max: el guerrero de la carretera las bases de un género: acababa de nacer el mundo de dolor, sangre y gasolina que era el yermo postnuclear, un mundo donde “todo duele”, y ese mundo ha permanecido vivo en el imaginario colectivo hasta el día de hoy.

Con la cantidad de imitadores y devotos cineastas que tiene Max, mi principal temor a la hora de ver esta cuarta parte era descubrir que se había convertido en una sombra de sí mismo.

¿Con qué me he encontrado? Os cuento tras el salto



No me gusta Mad Max: salvajes de la autopista. La vi… y psé. Conocía al personaje desde pequeño, había visto poner las películas alguna vez en televisión, pero no me había llegado a decir nada. Yo soy más de Conan el bárbaro. Decidido a descubrir qué me estaba perdiendo, hace unos años revisualicé la trilogía del guerrero de la carretera, y entonces fue cuando me llevé la sorpresa.

La primera me siguió sin gustar, las cosas como son, pero en la segunda hay una cosa que pocas veces se encuentra en las películas: un alma. Había algo, había entusiasmo. Era un guion simple a más no poder, un western emplazado en el mundo que se había inventado Miller, pero en la dirección estaba el pulso firme de un tío con una visión, la visión de un motor revolucionado haciendo vibrar el morro de un Ford Interceptor mientras la nube de polvo que levanta se estrella contra los parabrisas de unos amasijos de acero con ruedas que en su día fueron coches. Y punkies, no olvidemos los punkies. Yo seguiría una religión inventada por este tío, sería muy graciosa.

En cada plano en el que la cámara temblaba y se quejaba a punto de desmoronarse, en cada zoom a saco en un momento clave, en esos planos aéreos de manadas de hombres en depredación había una lírica salvaje. Y eso genera auténtica emoción. Por desgracia, las limitaciones de la época podían llegar a deslucir puntualmente lo que técnicamente era un espectáculo acojonante… y eso nos lleva al año 2014, cuando aparece un tráiler que hace crecer el pelo en el pecho con solo verlo. Miller se ha cansado de pingüinos bailarines: vuelve Max, el puto Max Rockatansky, el guerrero de la carretera. Que le den a Denzel Washington y al Morador del Refugio: papi ha vuelto a casa. ¡Y ahora es Tom Hardy! Los dioses de la velocidad están contentos.

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Jódete, Borderlands.

Lo que me he encontrado en Mad Max Fury Road es un circo de proporciones catedralicias que no te puede disgustar. Es una combinación ganadora: si eres fan de Max vas a alcanzar nuevas cotas de onanismo, y si ni te va ni te viene, vas a acabar abriendo un blog en el que recomendarás ver la película. Ahí es nada. La película me ha gustado porque no vende su alma, tiene vigencia e identidad y revive el mito superando a todos los sosías que ha habido por el camino. Eso no es tan fácil de conseguirMad Max ha hecho que ni siquiera recuerde qué es lo que más me gustó cuando vi Los vengadores 2 hace unos días.

Me lo he pasado francamente bien. El mundo de Max siempre había sido un poco negro, pero aquí las cotas de oscuridad son tenebrosas; además el guion rompe algunos convencionalismos no sé siquiera si intencionadamente o sin querer (algunos claramente con intención), pero los que rompe son los clave.

El villano principal, Inmortan Joe, no es el malo porque haya hecho algo contrario a los protagonistas… es el malo porque es el menos bueno de los personajes. Estamos hablando de un tío que tiene un ejército de enfermos de cáncer a los que mantiene en un fervor fanático constante para enviarlos a la muerte, un hombre cuyos hijos (los que sobreviven por las deformaciones causadas por la radiación) decoran su cuerpo con los diminutos cráneos de sus hermanos abortados. ¡Y tiene un monster truck! Además no puedo quitarme de la cabeza lo mucho que me parece un Vladimir Harkonnen punkarra, con todo eso de la endogamia y las deformaciones.

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Es bueno ser malo.

Pero el tema central no es la lucha contra el villano, o la crueldad del mundo y lo mal que está todo; eso ya nos lo contaban en las otras de Max. Aquí el eje de la historia es otro: es la mujer en el mundo que ha inventado Miller. La mujer que está reducida a ser una máquina de tener hijos y con toda seguridad morir en el parto (“mi madre murió al tercer día”); la mujer como un recurso cuantificable junto a las balas o a la gasolina; la mujer que está conectada a máquinas que la ordeñan como si fuera una vaca para alimentar al caudillo y su prole. La mujer como prisionera y como cosa.

Y no deja de ser irónico, porque la mujer hubiera sido prisionera de la propia película si los guionistas no se hubieran propuesto todo lo contrario. No hay más que ver las cosas de Michael Bay para entender a lo que me refiero. En Mad Max la liberación de las esclavas de la historia pasa por su liberación como personajes en el propio argumento de la película. ¿Pero cómo es esto? ¡Herejía! Pues un poco sí, porque la verdad es que Max no dice suficientes palabras en toda la película para justificar el título del film. Aprovecho esta ocasión para referirme a los diálogos: están muy bien. Pasada la secuencia inicial, con voz en off, la película está libre de la sensación de que se le habla al espectador. Los personajes hablan entre ellos. Es más, durante gran parte del inicio de la persecución, hasta más allá de Max y Furiosa se encuentren, apenas hay palabras en la película. Esto, entendedme, me la pone muy dura. Si no necesitan decirte con palabras lo guay que es lo que estás viendo… probablemente lo que estás viendo es jodidamente guay.

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¡Deja ir a mi pueblo… a comprarse unos Kalvin Klein!

Qué pegas le encuentro… principalmente la música. A pesar de que aparezca un tipo que parece de los Slipknot y que toca la guitarra eléctrica durante toda la persecución, creo que el principal fallo es la música. Mad Max puede ser una película muy agotadora, porque es una persecución de dos horas. Su edición de audio es muy buena, el montaje y el sonido van de la mano, lo que da a las escenas una sensación de coreografía que resulta agradable. Los juegos de diegética y extradiegética con parte de la banda sonora integran y  redondean los compases machacones bastante bien, pero la música en conjunto, que debería ser lo que diferenciase unas partes de la carrera de otras, está siempre de la misma forma. No hacen un Nolan (antes) y dejan la música sonando todo el rato, pero sí es verdad que el hecho de que sea tan repetitiva y que no le encuentre mucho sentido a su aparición y desaparición no ayudan a que considere bien este apartado. A veces da igual que haya música o no, la sensación que tienes es la misma, y eso no me acaba de gustar.

Ahora se entiende por qué me gusta Conan, ¿no?

El uso de la música en Mad Max es una apertura constante hacia la acción, pero pocas veces da la sensación de llegar a un momento resolutivo, sino que se queda en un clímax constante que puede ser bastante cansino. Como muestra de algo distinto, un botón, y es hay un momento de una épica distinta a la del resto de la película, que es el de la tormenta de arena. Ahí sí destaca la banda sonora de forma más reconocible, ahí sí explota la lírica bestia de Mad Max. Me disgustó un poco que la peli siguiera siendo impresionante pero que, los demás picos no fuesen tan memorables como aquel. Y además hay una escena con un CGI que me hizo recordar esas aberraciones que tenían lugar en los albores de los efectos digitales.

Y paro que me estoy sonando muy sibarita yo solo.

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No, agente, ni un gota. Se lo juro.

Volviendo al tema de la mujer, hay que destacar el absoluto protagonismo de la Emperatriz Furiosa… nah, suena mejor en inglés, IMPERATOR FURIOSA (joder, es un nombre que rezuma Warhammer 40K). El caso es: Furiosa, cojonuda Charlize Theron haciendo de una tipa dura tan dura que la primera vez que se encuentra con Max, se parten la cara por el protagonismo de la película y… ¿he mencionado ya que le falta un brazo? Pues le falta un brazo. Y es la hostia en patinete. Y hay un juego de cambio de roles entre Max y ella que es lo que hace que la película de un pequeño volantazo en una dirección distinta a la reiteración de patrones masculinos que podría haber sido.

Ellen Ripley ya tiene a alguien con quien jugar en el cielo de las protagonistas guays.

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Mirad, es que es tan sencillo como que realmente la historia de las chicas es más interesante. Max llega ahí todo quemado en plan “oooh, he perdido a mi familia, soy un mengano cariacontecido para el cual la muerte de su esposa fue sólo un detonante narrativo y ahora estoy buscando perdonarme a mí mismo”. Lo hemos visto tropecientas mil veces. Así que este hombre con el único instinto de sobrevivir se encuentra con unas fulanas que no luchan para sobrevivir, porque tienen asegurado el sustento simplemente por el hecho de ser jóvenes y bonitas, sino que por lo que se están dando de toñas en un camión por el desierto es porque quieren recuperar su dignidad. Y Max acepta que tiene que ver con él, pero que no es su lucha, y eso está bien, está presente pero es un secundario porque le es ajeno. No se queda sin su ración de gloria, pero es más la de mano amiga desinteresada que la de héroe promotor de la acción; esa es Furiosa. Podría haber sido horrible, podría haber sido “Max, el salvador de mujeres”, pero no, y eso es bueno, amiguitos. Esto tampoco se aleja de la mitología de Max, por eso funciona tan bien en esta película. Recordad que el tío básicamente acababa convertido en un llanero solitario que recorría el yermo desfaciendo entuertos.

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Rictus entrena en el mismo gimnasio que Humungus.

A ver, tampoco exageran tanto este discurso feminista como para decir que ellas no necesiten ayuda; están cosiendo gente a balazos y cualquiera que pegue tiros les viene bien, pero lo que no necesitan es un tiarrón con un arma enorme y más músculos que cerebro que quiera llevarlas a un lugar seguro y darles amor… porque de ese es precisamente el tipo de personaje del que están intentando huir. Y además se llama Rictus Erectus, con eso os lo digo todo. Pero lo guay es que todo esto lo hace dentro de los códigos del cine de acción y no se propasa. Podría haber sido una película de acción sobre las películas de acción y haber restregado por la cara del espectador la predisposición del mismo para ver a Max asumir el protagonismo, pero entonces no hubiese sido Mad Max, y sería demasiado pretencioso. Tiene el mensaje, está ahí, pero también tiene tiros y explosiones, así que todos contentos. Pensándolo a fondo, lo que hace la película es explotar hasta que rompe eso de que “la igualdad es la posibilidad de la inversión de papeles”; aquí se invierten los papeles, pero no es tan sencillo como un cambio de sexo, porque las mujeres no dejan de comportarse como tales. Al final ver frases, actitudes y roles que en el cine de acción están tan fuertemente enlazados a hombres siendo encarnados por una mujer en su lugar, tiene un efecto distinto, y esto, junto al tema principal, es lo que cierra el subtexto.

Y las tías buenas podían estar menos buenas, ¿no? Pero como eso tiene sentido en la trama, se lo perdonamos un poquito.

Decía David Foster Wallace en La broma infinita ( 🙂 ) que puede analizarse la progresión de una sociedad estudiando a los héroes de sus historias. Así se puede ver el paulatino desencanto de la sociedad norteamericana hacia la vida material y el advenimiento de la depresión existencial de los 90’ si se observa cómo de los héroes de acción desde el pulp a los setenta se convertían en héroes de reacción, en tipos que se ven enfrentados a situaciones que los superan y tienen que crecerse, pero que no quieren ser protagonistas. Pues eso, que viendo cuál es el lugar de Max aquí, podemos albergar la esperanza de que, como sociedad, igual vamos aprendiendo poco a poco. O tal vez al final Furiosa pase al plantel de tías buenas peleonas con Michelle Rodriguez y Angelina Jolie y a la mierda las buenas intenciones.

Lo dicho, Fury Road.

Pues ya está. Cuando quiera ligar con una feminazi no tengo más que mandarle el link de esta reseña y empezar a bajarme los pantal… joder ¿seguís ahí? Mierda.

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6 comentarios en “Mad Max: furia en la carretera

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