Crítica – Splice

1.jpg

Chicos, tengo miedo.

Recuerdo que hace ya bastantes años, unos amigos y yo estábamos viendo La Maldición así de noche, solos en casa, a lo valiente. Cuando acabó la peli, la acumulación de mal rollo y ruidicos de la casa nos obligó a tomar medidas desesperadas para quitarnos el miedo. Sacamos la cinta de La Maldición y metimos una de capítulos de la Pantera Rosa grabados de la tele.

No soy especial fan de las pelis del género de terror, en parte porque hay gente que lo cuida muy mal y hace que a uno se le vayan las ganas, pero eso no ha evitado que me vea unas cuantas películas de esas de apretujarse con una zagala debajo de una manta. Ninguna de estas películas me ha dado tanto miedo como me sigue dando hoy en día La Maldición.

Pero cuando he terminado Splice, me he puesto un capítulo de la Pantera Rosa.

Empezamos.


Desde que acabó el Proyecto Genoma Humano hemos clonado ovejas, generado transgénicos, mutado especies, inducido tumores, cortado y empalmado (es decir, hemos hecho splicing) como nos ha venido en gana. Pero el genoma humano en sí, las dos hélices de Watson y Crick, siguen sin tocar. Sí es cierto que miramos un poquito e intentamos adivinar cómo funcionan algunas enfermedades, pero no se toca, no se cambia, no se corta y empalma con otras cosas. Porque cruzar una patata y un boniato es una cosa, pero cruzar un ser humano y un boniato, es otra. Es jugar a ser Dios. O McDonalds. O Vincenzo Natali.

En Splice seguimos a Clive (Adrien Brody) y Elsa (Sarah Polley), dos científicos (y algo más) que no conocen a Ícaro. Punteros en manipulación del DNA, estos genetistas cruzan esa línea peligrosa que separa el genio de la aberración y crean un ser que no es humano. Al engendro deciden llamarlo Dren. Una serie de errores, dejadeces y pulsiones por parte de la pareja permiten que Dren crezca en el seno de ambos. Y luego la historia sigue, pero no voy a decir más.

2.jpg

– Cariño, la niña está haciendo cosas raras. – ¿Qué cosas? – Se cuelga del techo y le salen antenas. – Esto es por lo el ácido fólico, seguro.

El punto de la película y lo que ha hecho que me decida a ponerla aquí es que ese planteamiento sugiere científicos locos, monstruos y empresas malignas a lo Umbrella, pero no. Dren, el bicho, da todo el maldito miedo del mundo, pero no es una criatura que aceche en las esquinas para saltar acompañado de estridencias de violín por sorpresa. Es otro tipo de bicho, uno que me da un mal rollo absoluto. Da mal rollo no por su diseño, que es genial, basándose en parte en la fisionomía del rostro humano en distintas etapas del desarrollo fetal, sino por cómo se comporta, por la identidad que desarrolla, por como la tratan y por lo que es. No es humano, pero sí, pero no, pero por Dios pegadle un tiro que me está dando mal karma.

3.jpg

Es curioso cómo funciona el miedo. En La Maldición, y así suele ser en el cine, se sigue un principio por el cual el bicho da más miedo cuanto más se insinúa y menos se enseña. Aquí es justo al revés: cuanto más lo ves, más miedo te da. Y encima te lo enseñan sin cortarse, sin tapujo alguno.

No es una película hecha para aterrorizar, sino para inquietar, y lo hace desde el fondo del valle inquietante, ese límite a partir del cual se desdibuja la barrera entre lo que es humano y lo que no, donde empiezan las pesadillas. Este es un filme plagado de imágenes grotescas de una naturaleza tan salvaje como herética. Es ayahuasca, peyote y Necronomicon. La demonología como ciencia moderna; teratología de seres semejantes. Es revisitar Frankenstein recordando qué hacía que La Criatura diese miedo. Qué bonito todo esto que acabo de escribir y qué puto repelús da Dren, joder.

4.jpg

Delphine Chanéac puede parecer una chica muy guapa…

5.jpg

… siempre que no le cuentes…

6.jpg

… un chiste demasiado bueno.

7.jpg

Como ese que contaba chiquito del niño con la linterna.

¿Recomiendo esta película? ¡No, por Dios, no! ¡Huid, antes de que sea tarde! Va muy en serio, lo he pasado mal. Me sigue dando vueltas un poco en la cabeza, igual es deformación profesional o algo. Soy consciente, no obstante, de que no es una película que te guste y fin. La puedes aborrecer. Mucho. Internet está llena de gente que la odia, porque en la película pasan cosas (y pasan de una forma concreta) que son un salto al vacío, y hay espectadores que aterrizarán en el descojone, la sensación de ridículo y la vergüenza ajena y otros que acabarán entre la curiosidad, el miedo y el asco.

Y luego está Japón, ese país que nos horroriza y al mismo tiempo nos hace sentir mejores personas, donde esta película la ponen en la sala de espera del ginecólogo.

Cuando, después de la Pantera Rosa, se nos fue el yuyu del cuerpo, nos vimos el remake de Zack Snyder de Dawn of the dead y se nos terminó de ir el mal rollo; los zombies son tangibles y sólo quieren torturarte el body. Luego estuve viendo y oyendo al bicho de La Maldición durante un par de meses (o años) por todas las esquinas de casa. Con Splice puede que me pase algo parecido.

Qué pechá de Pantera Rosa me voy a pegar.

8.jpg

Chin chin, madafakas.

Anuncios

3 comentarios en “Crítica – Splice

  1. Pingback: Crítica – Alien: el octavo pasajero | El sitio ese de las pelis

  2. Pingback: Crítica – Cube | El sitio ese de las pelis

  3. Pingback: Crítica – Conan el bárbaro (2011) | El sitio ese de las pelis

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s