Sospechosos habituales

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¡Aquí estoy otra vez! Después de la última entrada, seguimos con lo de los delincuentes. En esta ocasión os traigo uno de esos clásicos de culto noventeros que no os podéis perder: Sospechosos habituales. Emoción, intriga y dolor de barriga en una de las mejores películas en las que sale el señor Don Kevin “Puto Amo” Spacey. Y yo ya le quería antes de House of Cards, es mío por derecho, jamás me lo arrebataréis.

He de avisaros de que esta entrada NO CONTIENE SPOILERS, pero si tenéis intención de ver la película y no sabéis cómo acaba, os abstengáis de leer cualquier cosa de ella por internet, porque os vais a dar con el final en las narices, y eso no es bueno.

Sin más preámbulos, empecemos.


Esta es una película de polis y cacos muy lejos de estándares. Hay timadores, pero no es la historia de un timo. Hay asesinatos, pero no es una historia de asesinos. Hay droga, pero no va de traficantes. Es una historia de fantasmas.

Pongámonos serios un segundo, porque hay que entrar en situación. Estamos en 1995: a la gente todavía le dura la resaca de Pulp Fiction, estrenada el año anterior, y parece que a los productores les está saliendo muy rentable eso de los thrillers, porque suelen ser baratetes de producir y sólo necesitan un actor bien considerado que lleva todo el peso de la trama. A estas alturas, los thrillers todavía no habían incorporado del todo los elementos sobrenaturales que meterían luego, dejando cosas como la idiotizante Fallen ya a finales de los 90’. Antena 3 no habría podido sobrevivir si no hubiera sido por los thrillers de los 90’.

Hacer un thriller es medianamente fácil y barato porque lo más importante es el guion, y lo segundo más importante, la dirección. El guion, porque qué misterios hay, qué cosas acechan, qué nos estamos perdiendo y cómo se crea el suspense dependen de él, y la dirección porque plasmar esa tensión en la pantalla es complejo. Y repito: si habéis visto alguna vez las sobremesas de Antena 3, sabréis que esas cartas pueden jugarse muy mal.

Pues bien, en lugar de encasillarse en una imitadora de Pulp Fiction o en quedarse en un thriller policíaco del montón, Sospechosos habituales encuentra un pequeño rincón entre géneros en el que se encuentra cómoda y puede desplegar su mitología.

La historia trata de unos delincuentes de poca monta, estafadores y ladrones de alquiler que podrían venderte a su propia madre por la calderilla que lleves en el bolsillo, que coinciden en una rueda de reconocimiento del departamento de policía de Nueva York: alguien ha robado un camión con armas y quieren saber quién ha sido. Lamentablemente, se van a quedar con las ganas porque, si alguno de estos sabe algo, la policía se la trae más bien floja y no va a decir nada. No es la primera vez que les detienen, y es que ellos son los sospechosos habituales.

Finalmente los sueltan, pero en su agradable noche en la comisaría, han acabado estrechando lazos y se ha hablado de un pequeño trabajo bastante lucrativo que, además de darles beneficios, también les daría la oportunidad de hacerle la peineta al departamento de policía al completo. Pero ay, algo va a salir muy mal en algún momento.

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Sabemos que algo va a salir muy mal porque todo esto lo cuenta en retrospectiva Verbal, el tullido al que da vida Kevin Spacey y que bien le valió un Oscar, y es que, unas semanas después de la detención y el trabajo de estos tipos, hubo un brutal tiroteo en el muelle, con decenas de muertos, explosiones y cadáveres que no paran de salir debajo del agua… y estos estaban implicados. Es más ¡Verbal es uno de los dos testigos vivos que quedan! (y el único que no está en estado terminal). El FBI, como es natural, le interroga, le avasalla y le presiona. Quieren saber qué ha pasado exactamente en el muelle, quieren saber quién lo está detrás y quieren saber dónde están los otros miembros del equipo pero, sobre todo, quieren saber dónde está Keyser Soze.

Antes decía que Sospechosos Habituales era una historia de fantasmas, y si es más o menos así, es por Keyser Soze. “Keyser Soze se convirtió en una leyenda, en un mito, en una historia que los delincuentes le cuentan a sus hijos por las noches: engañas a tu papá, y Keyser Soze te cogerá”.

Keyser Soze es un personaje hacia el que que, aunque bien su nombre aparece relativamente pronto en la cinta, la historia tarda en centrar su atención. Es la voluntad en la sombra, poco menos que un tipo demasiado terrorífico y con demasiado poder para ser cierto. Es algo que casi no es de este mundo, y muchos policías y ladrones no creen siquiera que exista. “El mejor truco del diablo fue convencer al mundo de que no existía”.

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No voy a decir más de la historia, sólo voy a decir que el guion de Sospechosos habituales de Christopher McQuarrie también se llevó un Oscar ese año. La dirección, a veces bastante discretita y otras veces muy buena apoyándose sobre todo en el montaje, corrió a cargo de Bryan Singer (sí, el de las pelis de X-Men), un tipo que sólo tenía otra película en su haber y que, aunque este film había salido bastante bien parado en Sundance, no acababa de despuntar del todo. Esta película fue el auténtico pistoletazo de salida de la carrera de Bryan Singer.

La película, en su estreno, fue recibida con críticas buenas y malas, pero en general apagadas, y es que 1995 fue el año de Seven, el mítico thriller (sí, éste también) de David Fincher que supuso su debut en la dirección. Sí, Seven es la primera película de David Fincher. No, que no, que Alien 3 no existe, es como la cuarta de Indiana Jones.

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Paredes y camisa roja, mesa de billar verde… esto me suena.

Casualidades de la vida, en Seven también aparece Kevin Spacey, que estaba ese año que se salía vamos; aparece poquito, pero todo el tiempo que sale vale oro. En general Kevin Spacey tuvo unos años muy buenos en esa época en los que trabajó mucho. Entre sus películas más destacadas en años posteriores se cuentan L.A. Confidencial (se ve que le cogió el gusto a eso del neo-noire) y la magnífica American Beauty, que es la mejor película de 1999. Sí, vale Matrix mola mucho y hace pensar y El Club de la Lucha es muy… ñaaaaaaaa, no me hagáis hablar de El Club de la Lucha, pero American Beauty, aunque no es la mejor película del siglo ni nada de eso, sí es la mejor película que podría haber sido, y creo que es la cumbre de la forma de percibir la realidad que se fraguó en los 90’. Después llegó el 11-S, internet creció y la forma de pensar de la sociedad occidental cambió, pero así queda vigente lo bien que American Beauty engancha las raíces podridas de nuestro sistema de valores, mucho mejor de lo que lo hacen los golpes violentos pero torpes de David Fincher en El Club de la Lucha y me callo que me estoy yendo de tema.

En su momento Rober Ebert dijo que no le hacía ninguna gracia Sospechosos habituales, y no me extraña. ¿Qué tienen en común Seven, Sospechosos habituales y El Club de la Lucha? Que si te cuentan el final, te han jodido la película de arriba abajo. Y, aunque estas pelis son medianamente disfrutables en todo su metraje, es su final lo que les da sentido. Y a una película cuyo mayor mérito es una vuelta de tuerca narrativa en el último tercio de la historia, es obvio que algo le falta. Apuntad en la lista también El sexto sentido, que casi se me pasa.

Si algo le falta a sospechosos habituales, podría ser un desarrollo más equilibrado: tarda mucho en empezar y tal vez se base demasiado en artificios de la trama, pero mucho menos que Seven y El Club de la Lucha. Las tres están bastante bien aun sabiendo el final (menos Seven, a la que le tengo una tirria tremenda), pero si sabes el final… pues es una peli del montón.

Y hablando de finales, mejor voy cerrando, que me estoy alargando mucho. Bueno, nunca dije que fuera a ser concreto.

Vean ustedes Sospechosos habituales, releñe.

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Un comentario en “Sospechosos habituales

  1. Pingback: La cumbre escarlata | El sitio ese de las pelis

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