En perspectiva – David Lynch

Hace unas semanas el cielo se abrió y el Metatrón anunció a bombo y platillo que Hideo Kojima y Guillermo del Toro se encuentran desarrollando una nueva entrega de Silent Hill que de momento tiene tan buena pinta que tal vez hasta me anime a retomar la saga, que la tengo abandonadita desde el notable Silent Hill 3.

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Semanas después, hace ya menos, el cielo se volvió a abrir y surgió otra noticia… David Lynch estrenará en 2016 una tercera temporada de Twin Peaks, conocida por unos como “el lugar donde empezó todo” y por otros como “la serie esa de los gafapastas”.

Y es que la noticia ha sido recibida de forma polarizada por los autodenominados seriéfilos. Mientras unos piensan que no hay necesidad de continuar las cosas, que la serie está bien dónde y como está, otros todavía tienen diarrea de la emoción. Luego están aquellos a los que esto ni les va ni les viene. La cosa es, ¿está justificado tanto jaleo? ¿Es necesario retomar una serie con casi 25 años de antigüedad? ¿Se ha hecho efectiva ya una orden de alejamiento para que Lindelof no pueda contactar con Lynch durante el próximo año?

Veamos qué significa realmente y qué importancia tiene esta noticia para el mundo de las cosicas audiovisuales.

Para los que no lo hayan visto, podéis visualizar el vídeo-anuncio oficial de Showtime aquí, aunque personalmente opino que debieron haber hecho un montaje de esto:

Mientras intentáis quitaros el ritmillo de la cabeza, empezamos con el repaso a las cosas de Lynch. No descarto profundizar más en alguna en el futuro.


Lynch es un tipo que nació en Missoula (Montana) el 20 de enero de 1946. Hijo de un científico y una profesora de lengua, al parecer tuvo una infancia muy feliz, a pesar de ser un niño algo inseguro y con miedos. Aun así, fue Boy Scout y todo. El que quiera ver en sus primeros cortometrajes a un niño traumatizado y con problemas con sus padres se va a llevar un chasco, aunque resulte fácil hacer la analogía en The Grandmother.

Cuando empezó a manifestar inquietudes artísticas, sus padres le apoyaron. Comenzó así como artista plástico. Llegó incluso a marcharse de EEUU para estudiar con el pintor austríaco Oskar Kokoshka, pero volvió a su casa un par de semanas después.

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Six men getting sick.

Lynch conseguiría la mayor parte de su educación artística en la Pennsylvania Academy of Fine Arts, a la que acudiría después de establecerse en Filadelfia en 1966. Ese mismo año desarrollaría su primer trabajo audiovisual: Six men getting sick, de sólo un minuto de duración. La buena acogida que tuvo el vídeo en su entorno académico le llevó a seguir por ese camino, estrenando dos años después un cortometraje titulado El alfabeto, también de escasa duración (4 minutos).

Su siguiente obra, The Grandmother resulta más ambiciosa y larga (media hora), lo que le valdría un premio de 5000 dólares por nada menos que el American Film Institute. Un cortometraje de esta talla no es gratis, y Lynch no tenía dinero. ¿Quién se lo prestó? Pues su padre. Se lo prestó, no se lo dio. En alguna ocasión, el director ha afirmado que uno de los momentos de mayor realización personal que ha vivido fue cuando consiguió devolverle a su padre el dinero que éste le había prestado para la realización de The Grandmother.

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“Estudio para la cabeza de Papa Gritando”, cuadro de Francis Bacon inspirado en la secuencia de la escalera de Odessa de “El acorazado Potemkin”.

Ya en estos primeros trabajos, sobre todo en el último, pueden apreciarse las líneas generales de lo que sería después “el cine de Lynch”. Las historias de este director, aunque no os esté diciendo nada nuevo, no se rigen por la lógica, sino que pretenden (y consiguen) ser inquietantes y oníricas. Uno de los aspectos en los que pone más trabajo es la textura de la fotografía, manejando con especial ahínco la iluminación, en la que pueden verse claramente, y por herencia de la educación artística de Lynch, influencias de los pintores Francis Bacon y Edward Hopper. Otros cineastas influenciados por la obra de Hopper son, por ejemplo Terrence Malick, sobre todo y muy claramente en Días del cielo.

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“The house by the railroad” (Edward Hopper, 1925). Este cuadro de Hopper tiene especial presencia en la película de Malick “Días del cielo”.

El otro aspecto trabajado especialmente en el cine de Lynch para lograr inquietud es el sonido. Las películas de David Lynch cobran una nueva dimensión tras el inicio de su colaboración con Angelo Badalamenti. Se entendían bastante bien artísticamente, por lo que su alianza se ha extendido durante mucho tiempo. Normalmente las composiciones utilizadas intentan crear un contraste con la imagen, son pocas las veces que se emplea una música totalmente acorde con la escena.

Aun cuando no hay música, el silencio casi no existe en las películas de Lynch, y eso ya se aprecia desde los cortometrajes. Los sonidos recurrentes de fondo, a veces casi de ultratumba y de origen indeterminado que no buscan más que desestabilizar al público son la marca de la casa de este director.

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En la peli “La delgada línea roja” de Terrence Malick hay una secuencia que utiliza los colores y las cortinas exactamente igual que los utiliza Edward Hopper en “Summer Interior” (1909). No, no podía ahorrarme el comentario. Estoy on fire.

En cuanto a la dirección de actores, Lynch pone especial empeño en controlar el ritmo de los diálogos y el movimiento de los personajes, siendo ambos lentos. Al parecer, es bastante bueno comunicándose con los intérpretes (o por lo menos eso decía Naomi Watts durante el rodaje de Mulholland Drive, aunque ya sabemos lo bien que nos cae a todos nuestro jefe si nos preguntan delante de él).

Los temas que trata Lynch, lo que muchos llaman sus obsesiones personales, son los sueños, lo extraño, lo monstruoso y lo grotesco. Crear, de la cotidianeidad, una sensación de ausencia de familiaridad que lleve a la inquietud y, en última instancia, al miedo. En Terciopelo Azul y Twin peaks esto se consigue mediante el contraste en numerosas ocasiones; en otras ocasiones esta emoción se consigue por la acumulación de recursos de imagen y sonido o la presencia de un elemento desestabilizador que actúa como foco de distorsión de la escena como el hombre misterioso en la fiesta de Carretera perdida, ese que quería que le llamaran por teléfono; se sentiría solo o algo. Voy a tener que hacer lo mismo que él en las fiestas; le funcionaba.

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“¡Teme mi ausencia de cejas, simple mortal!”.

También se suele se tratar el tema del doble, el reflejo contrario de uno mismo, presentándose muchas veces los personajes de Lynch en parejas duales (las protagonistas de Mulholland Drive, Laura y su prima o las dos logias en Twin Peaks). Otro personaje recurrente es una especie de vidente, alguien que sabe que algo malo está ocurriendo y avisa, como el niño de la película Arac Attack. De este corte son la señora del leño en Twin Peaks o (y literalmente, además) la tipa vestida de negro de Mulholland Drive.

Es un cine que nace de la mezcla de géneros, lo cual es algo bastante lógico: si desaparece el asidero que constituye el género, se elimina otra referencia que puede utilizar el espectador, y se le deja más a la deriva. Yo he aprendido de Lynch y mezclo pelis buenas con bodrios en la misma entrada, como en el párrafo de antes. Es dar una de cal y otra de arena, porque después de lo de meter lo de los pintores noto como que me crecen las gafas, oye.

Como último detalle, Lynch ha comentado en alguna ocasión que sus directores favoritos son Federico Fellini, Ingmar Bergman, Jacques Tatí y Werner Herzog. A mí me gusta Christopher Nolan (*gafas recuperando su tamaño original*).

Vale ya de arena, volvamos con la cal.

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Más tarde, Llongueras se inspiraría en esta película para cortarle el pelo a Lynch. No, son todo mentiras, pero mentiras entretenidas y ¿no está ahí la auténtica verdad? La respuesta es no.

La primera película de David Lynch es Cabeza borradora (1977), de la cual tiene poco sentido intentar hacer una sinopsis. Película de culto donde las haya, es la prueba filmada de que Lynch idolatra a Kafka.

Si no la habéis visto, vedla. Tranquilos, no va a haber spoilers, pero vedla. Cuando la veáis (porque la vais a ver, porque es un deber moral, porque es algo kantiano), probablemente os preguntéis cómo demonios, en una peli con tan bajo presupuesto, se hizo el bebé (ya sabréis de qué bebé hablo). Bueno, pues no sois vosotros solos; decenas de periodistas y cineastas le han hecho a Lynch la pregunta de cómo está hecho el bebé de Eraserhead, entre ellos el mismísimo Stanley Kubrick. Como podéis suponer, Lynch parece no haber contestado nunca a la pregunta, por lo que interné está llenico de teorías de toda índole, a cada cual más inverosímil y privadora del apetito.

No voy a poner fotos del bebé, así veréis la película sólo por el morbo. O buscadlo en Google imágenes, malditos listillos.

Cabeza borradora tuvo una acogida irregular, lo que viene a significar eso que pasa cada año con cientos de películas: a los críticos les encanta, pero no va a verla ni dios. También es verdad que se estrenó en cuatro cines y a la hora golfa, pero uno tiene que jugar con las cartas que le tocan.

Entre 1977 y 1980, David Lynch estuvo intentando conseguir presupuesto para hacer Ronnie Rocket la secuela de Eraserhead, pero era una paranoia tal que nadie le dio dinero. “¿Era aún peor que Cabeza Borradora? ¿Era tan terrible que encerraron el guión en un sótano profundo y oscuro para que nadie, nadie rodara jamás la película?” Pues hijos, no lo sé, probablemente no tanto, no os asustéis. Lo más probable es que los inversores se tomaran una tila después de ver Cabeza borradora mientras pensaban “nunca… ¡nunca más!”.

El caso es que después de ver Cabeza borradora, alguien pensó que ese tal David Lynch podría dirigir una película más clásica, con Anthony Hopkins y todo. Fue entonces cuando le ofrecieron dirigir El hombre elefante (1980). Sí, le ofrecieron, porque no fue idea suya, como dicen algunos, sino que se trata de un proyecto que parte de una idea inicial de Mel Brooks, que ejerce de productor, aunque bien es cierto que Lynch participó en la escritura del guion.

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I’m just a sweet transvestiiiite, from traaaansexual, Transylvaaaaniaaaaa. Espera, no, esto no era de aquí.

De hecho, fue Mel Brooks el que abogó con más empeño para que Lynch dirigiera el film. A los de la Paramount ese señor que hacía pelis de bebés deformes y tipos con peinados a lo Addams Family no les gustaba un pelo, pero Brooks insistía en que era el hombre adecuado para el trabajo. Y resultó que lo era. ¿Cómo se le ocurre a la Paramount llevarle la contraria a Brooks? Mel Brooks parió El jovencito Frankenstein. Genio, os digo.

Siendo sinceros, Cabeza borradora es un film muy personal. Demasiado personal. Vamos, que le gustó a cuatro gatos en su día, y hoy en día le gusta a cuatro gatos, a cinco gafapastas y a seis posers, porque es una película bastante angustiosa la verdad. Puedes disfrutarla, puedes admirar su trabajo, pero decir que te gusta de corazón es algo que se tiene que hacer a priori, sin saber que lo que estás viendo ha sido ensalzado una y mil veces como una obra maestra. Pues así hay dos, y uno es Lynch.

El hombre elefante ya es harina de otro costal; es un clásico moderno, con un estilo más académico y algo menos peculiar, y todo esto lo consigue David Lynch sin renunciar a su identidad creativa, lo que es todo un logro. De hecho, la película está tan bien concebida que fue candidata a 8 Oscars, de los cuales no se llevó ninguno. 1980 fue el año de Gente corriente, que se llevó 4.

Después de El hombre elefante y con un Lynch que ya es conocido y admirado, sucede uno de esos acontecimientos que años después y con perspectiva uno no puede sino mirar asombrado mientras se pregunta qué hubiera podido pasar. Y es que tras El hombre elefante George Lucas le ofreció a David Lynch dirigir El retorno del Jedi. ¿¡Pero es que Lucas no esperó a terminar la trilogía original para perder el juicio!? ¿Qué tendrán que ver los Jedis con hombres deformes y fantasías pesadillescas? Bueno, bien es cierto que este es el capítulo donde aparece por fin El Emperador y el lado oscuro muestra su verdadero rostro. Y los ewoks, también los ewoks. Me gustan los ewoks.

Aun así, probablemente Lynch no hubiera sido el más indicado para terminar con esa feliz saga de aventuras y fantasía para toda la familia que era Star Wars. Digo probablemente por decir algo, pero podría decir “seguramente” o incluso “sin ninguna duda”, porque existe cierta película… cierta película del año 1984 cuyo nombre es Dune. Dune, basada en el novelón homónimo de Frank Herbert, que durante mucho tiempo fue conocido como “obra maestra de intrigas palaciegas, ciencia ficción épica y fantasía” y que hoy en día algunos han pasado a llamar “como Juego de tronos pero en el espacio”.

Dune se hizo gracias al dinero que salió del bolsillo de Dino de Laurentiis, el productor de la magnífica y wagneriana (por decir algo) Conan el bárbaro, la mil veces referenciada Los tres días del cóndor o aquella obra pionera del estilo de los ochenta que es Flash Gordon, banda sonora de Queen incluída. Bueno, vale, Flash Gordon no es que sea una obra maestra, pero llevo razón en lo de pionera.

Previamente, Jodorowsky también había intentado adaptar Dune. Salía Dalí y todo. Y Orson Welles, Gloria Swanson y Mick Jagger. Y había música de Pynk Floyd. Y el encargado de los diseños era H.R. Giger. Babas. Babas por todas partes, pero no se hizo. Tal vez otro día os extienda esto, que ya he leído un poquito y me he enterado de que hay un documental muy interesante llamado Jodorowsky’s Dune del que tal vez pueda hablar en otra ocasión cuando lo vea. Teniendo en cuenta que se dice incluso que a Dalí lo echaron por decir cosas fachas, voy a disfrutar como una maruja viendo el Sálvame.

El proyecto pasaría después de Arthur P. Jacobs a de Laurentiis en la labor de producción; éste cuenta con un guión del autor del libro, Frank Herbert, que da para tres o cuatro horas de película. Pide que lo revisen y reduzcan y contrata a Ridley Scott para la dirección en 1979. Sin embargo Scott se marcha porque, en palabras textuales: “me dí cuenta de que hacer Dune iba a requerir muchísimo más trabajo […] y no me sentí capaz de lanzarme a ello después de la muerte de mi hermano Frank”. Hay que tener en cuenta que el proceso de sacar adelante Alien, la película anterior de Scott, había sido muy largo. Después de Dune, Ridley Scott está hasta las narices de la ciencia ficción, por lo que inicialmente dice “no” a Blade Runner (menos mal que cambió de opinión).

Como podéis ver, antes de que llegara Lynch, el proyecto ya había estado relacionado con grandes nombres y estaba en un avanzado estado de gestación.

El deseo de de Laurentiis era que Dune diese inicio a una nueva saga de ciencia ficción que tomara el relevo de Star Wars, y que se estrenara un año después del Episodio VI. Viendo que van a caducarle los derechos sobre el libro, desecha el guión anterior y contrata a David Lynch con la intención de renegociar la posesión de los derechos para las secuelas tras el rodaje de la primera parte.

A Lynch le entusiasma la idea, aunque no ha leído Dune (da igual, Jodorowsky tampoco) y se lleva con él al proyecto a los guionistas de El hombre elefante (esa manía de trabajar siempre que puede con las mismas personas no se le ha pasado todavía; tampoco es que sea malo, ea). Los guionistas elefantianos se leen Dune junto con Lynch, lo que ya merece medio sueldo, y escriben dos borradores del guion, lo que ya merece otro cuarto, por lo menos. Pero, por desavenencias creativas, cada uno se va por su lado y Lynch decide que él solito se va a encargar de adaptar el guion… y le peta la patata.

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Lynch no dirigió duelo final entre Luke y Vader pero le puso a Sting unos calzoncillos con alas.

No sabría decir si lo que ocurre es fruto del exceso de ilusión, de la falta de previsión o de un exceso de ambición que le lleva a intentar hacer un proyecto tan épico y de tal magnitud que no sabe por dónde cogerlo, y fracasa en la adaptación: el guion es enrevesado, los personajes tienen pensamientos con voz en off, el ritmo es pesado e irregular y al final la película se hace bastante pesada. Además, los diálogos están llenitos a más no poder de nombres de personajes, sustancias, planetas y demás jerga arrakena (¿veis lo que quiero decir?) hasta tal punto que para entender la película es imprescindible haberse leído el libro. Vamos, lo que es adaptar un guión a lo Kaufman, pero con menos estilo. Aun así, Herbert quedó satisfecho con la película (¿?).

Podría no pasar nada, 2001 tampoco se entiende del todo si no te has leído el libro, por muy de Kubrick que sea, y todo el mundo la sigue considerando un peliculón. Tal vez porque es muy de Kubrick (nadica, es porque es un peliculón). Este no es el caso de Dune. Dune al final es pesada y punto. El fracaso es grande y unánime, tanto de crítica como de taquilla, por lo que al final los señores de los dólares opinan que con una basta, que el mundo no necesita Dune 2, ni con Lynch ni sin él.

Además, por lo que parece, de Laurentiis acabó un poco cansadito de Lynch, que quería hacer aquí una magnum opus y lo que acabó haciendo fue rodar durante seis meses (con lo caro que es eso) y después pedir otros seis para el montaje y la postproducción. Si algo aprendimos del final del Nuevo Hollywood es que no hay que cabrear a los productores porque, por muy ricos y tocapelotas que sean a veces, al final son el motor que mueve el cine como industria porque son los que ponen la pasta.

Laurentiis, de todas formas, sí metió algo de baza en Dune. Por lo que se cuenta, el montaje de Lynch de la película tenía una duración de unas 6 horitas, y Laurentiis la dejó en 190 minutos. A Lynch le cabreó bastante esto, pero más le cabreó que luego se hiciera un tercer montaje de la película para su pase por televisión, que dura 137 minutos; de hecho, le cabreó tanto que pidió que se retirara su nombre de los créditos para esta versión. El señor que aparece es Alan Smithee que, como sabréis los que veíais La Sexta 3 antes de su nyagfdamnmumbles… cierre, es un nombre que ponen algunos directores en esas películas de las que no se sienten muy orgullosos.

Lo que no entiendo es que, si de Laurentiis estaba cabreado con Lynch, produjera su siguiente film, Terciopelo azul (1986). Esta película sí es una maravilla. Terciopelo azul cosechó felicitaciones por allí por donde pasó. Woody Allen, que ese año estuvo nominado a muchos Oscar y acabó llevándose 3 por Hannah y sus hermanas afirmó que la de Lynch era la mejor película del año.

En el aspecto artístico, terciopelo azul es impecable. Se notan aquí especialmente las influencias pictóricas que hemos comentado antes, por parte de Francis Bacon y Edward Hopper en su etapa tardía, a los que se suma Norman Rockwell como autor de referencia ineludible en las secuencias que tratan de reflejar la idílica apariencia del american way of life.

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Mientras que esta imagen parece sacada de un cuadro de Edward Hopper…

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… esta es más parecida a la obra de Francis Bacon.

Durante el rodaje de Terciopelo azul David Lynch estrechó lazos con Angelo Badalamenti; aquí empezó su colaboración. Esto tiene una gran repercusión en las películas de Lynch, que ganan enteros gracias a lo bien que se complementan a partir de este momento música e imágenes (por si no eran bastante buenas ya).

Como curiosidad, Lynch insiste en que para escribir el guion de esta película se ponía en bucle la sinfonía Nº 15 de Shostakovich.

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Tras el éxito de Terciopelo Azul, llegamos a algo que me recuerda por qué empecé a escribir esta entrada, porque ya empezaba a irme por las ramas: Twin Peaks (1990 – 1991).

Mientras que Lynch maneja la primera temporada sobre todo, gran parte del peso de la segunda recae en manos de Mark Frost, repartiéndose las funciones de lo que hoy en día se llamaría showrunner entre ambos. En cuanto a las influencias, aparte de las habituales de Lynch, podemos sumar aquí a Hitchcock (el personaje de Madeleine, la prima de Laura, debe su nombre a un personaje de Vértigo) y también ¡Luis Buñuel! 😀 (al que ya había referenciado en su anterior película).

La historia bebe mucho del planteamiento de Terciopelo Azul: un pueblo, esta vez en las montañas, aparentemente idílico, y un suceso escabroso que rompe la tranquilidad, rasgando la atmósfera del lugar y mostrando los oscuros secretos que habitaban allí, disfrazados de cotidianeidad. En este caso, y como es de sobra conocido, este suceso es la muerte de Laura Palmer, personaje que es el auténtico paradigma de la serie.

De entrada, Laura es una chica guapa, simpática, amable con sus vecinos, estudiosa, inteligente, que hace tareas de voluntariado… la capitana del equipo de animadoras y el ratón de biblioteca en una sola persona, vamos, el orgullo de papá y mamá. A raíz de su muerte, el FBI envía al pueblo a Dale Cooper, un investigador algo maniático, adicto a las tartas y al café (como Lynch que, de hecho, tiene su propia marca, y hace sus propios anuncios… y dan mucho miedo) al que no nos queda más remedio que cogerle cariño.

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¿Quieres que te invite a una taza de David Lynch’s signature cup coffee? Es orgánico y hay tres variedades. Barbie not included.

Básicamente, el planteamiento, o lo que nosotros creemos que es el planteamiento inicial, es muy detectivesco y muy normal; básicamente, lo que hay que averiguar es quién mató a Laura Palmer y por qué, con lo maja que era. Lo que ocurre es que la chica no solo tenía un par de secretos oscuros… tenía como veinte o treinta, y muy negros, de esos que no te dejan echar por televisión.

La muerte de Laura no sólo es el detonante de la historia, sino que representa la aniquilación de un arquetipo. Muere Laura, sí, pero perdura su recuerdo como prototipo de “capitana del equipo de animadoras”, que no desaparece hasta que se sabe quién era en realidad, y desaparece así la persona que había de cara a la galería.

Pero conforme el agente Cooper va averiguando cosas sobre Laura, nos empiezan a dar igual, porque vemos que realmente la muerte de una chica, aunque sea el enigma central, es el menor de los problemas que tiene el pueblo.

Son especialmente importantes las relaciones entre los personajes, que en superficie son de culebrón (con coñas autoconscientes por parte de los guionistas), pero que esconden perlitas muy turbias que encontramos de vez en cuando. Por ejemplo es de capital importancia en la historia el sexo, la sexualidad y el uso de la misma por parte de cada personaje, aunque no se vea explícito (porque, como hemos dicho, hay cosas que no se podían poner por la tele).

A pesar de todo, la serie hace gala de un sentido del humor magnífico, muy negro en ocasiones y tendente al absurdo en otras. Atentos al personaje con el que Lynch hace un cameo, vale cada minuto que pasa en pantalla.

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“Aquí Lynch. ¿Está el enemigo? Que se ponga”.

Bien, pero ¿qué supuso la serie? Básicamente, una rotura de muchos cánones. El primero, el concepto general de la serie: era un producto que intentaba hacer a la caja tonta un poco más lista. No era una serie facilona, de comedia regurgitada, de argumentos manidos ni de ver de pasada mientras cenas. Probablemente fue la primera serie cuyos capítulos eran esperados por los fans delante del televisor, iniciando así el fenómeno fandom. La maremágnum de fanáticos de Lost que quedaban para ver los nuevos episodios, inundaban la red de teorías enrevesadas y referencias cruzadas y que durante las semanas posteriores a los capítulos más reveladores o enigmáticos tenían la serie como principal tema de conversación hace referencia de forma ineludible a lo que sucedió con Twin Peaks en su día.

En segundo lugar, no llegaba de la mano de un cualquiera, sino de un tipo que había estado en los Oscar (y no por nada), que había trabajado a muchos niveles y que tenía un currículum impecable y muchos seguidores entre el público y la prensa. Y además llegaba prometiendo una idea innovadora, fresca y original que no podría desarrollarse en el cine. En otras palabras: el proyecto era prometedor y Lynch ya se había hecho un nombre antes de la serie. Esto era una bomba, y así se promocionó. Los que vivieran en la época (entre los que no me incluyo) podrán recordar cómo en Telecinco, aún con el logo de la rosa aquel que tenían, repetían una y otra vez en las pausas publicitarias aquello de “¿Quién mató a Laura Palmer?”, al igual que ocurría en Estados Unidos, ya que esta fue la frase central de la promoción.

Hablando claro, que hoy cuando se dice, por ejemplo, que Steven Soderbergh va a dirigir una serie protagonizada por Clive Owen o que Steven Spliberg produce esto y aquello, o que tal o cual serie tiene detrás a un director de renombre… bitch, please, eso ya lo hizo David Lynch hace casi 25 años; David Lynch es El hípster de las series.

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Laura Palmer, muerta tras sobredosis de meta azul.

Un proyecto tan raruno no podía tener una promoción normal, tenían que convencer tanto a la crítica como al público que aquella sería a partir de ese momento la forma de hacer televisión. Para ello, se realizó un montaje especial del primer episodio en forma de película, que creo que no se llegó a emitir en Estados Unidos. Este piloto extendido se llevó a festivales, como si de una película se tratara, para vender la serie a las cadenas europeas. En España se estrenó en la Seminci, que por aquel entonces era más grande que ahora, y yo, que tengo contactos (ejejejejeje, mentira) me he hecho con un ejemplar de la guía del festival del año que se proyectó el piloto, y he podido ver que Telecinco, en la misma guía del festival, ya estaba dando la tabarra con sus anuncios de “¿Quién mató a Laura Palmer?”. Con lo cual recordad cuando veáis anuncios de series de pelis como Minority Report o El ilusionista… que Twin Peaks lo hizo antes. Vale, esto es muy rebuscado, pero dejadme, que estoy on fire… (walk with me, ejejejejeje… dios, qué chiste más triste).

Hay una diferencia, eso sí: mientras que cosas como True detective o la adaptación americana de Utopia que va a hacer David Fincher son proyectos realizados enteramente por un director, Twin Peaks tuvo varios directores a lo largo de su andadura, ya que Lynch tenía otras cosas de las que ocuparse al mismo tiempo.

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David Lynch en Cannes, 1990.

 

Por último, Twin Peaks no era como las series que se hacían en la época, desde su misma concepción narrativa. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que no era una historia que pudiera eternizarse hasta que la gente se cansara de verla, mezclando capítulos nuevos con reposiciones y que siguiera teniendo éxito, como hacían series como M.A.S.H, Cosas de Casa o El Príncipe de Bel Air. Twin Peaks era una historia, de principio a fin, delimitada y acotada, que se vendió a las cadenas como una cosa cuyo final llegaría más pronto que tarde, pero diciéndoles que sería una joyita en su programación y que las teleguías (¿os acordáis del Supertele?) le darían sus portadas, y así fue.

Tampoco seguía narrativamente el esquema de todas las series antes mencionadas, con un arco argumental grande en el que se enmarcaba el contexto de toda la temporada y varias historias autoconclusivas para cada capítulo, de forma que el espectador que se perdiera algún episodio pudiera reengancharse sin problemas a la semana siguiente. Twin Peaks tenía una historia más lenta y mazacótica: en cada capítulo avanzaban todas las tramas a la vez, con más peso de uno u otro personaje, pero todos los arcos avanzaban al mismo ritmo, por así decirlo. Bien es cierto que no todos los capítulos tenían la misma importancia, claro, esto es de lógica, pero si un espectador se perdía un episodio, pues más le valía que alguien lo hubiera grabado en VHS o que se lo contara un amigo, porque no había interné. O también podía esperar a que lo repitieran, cosa que obviamente se hizo muy mucho, para que nadie se quedara atrás. ¿Quién tuvo que hacer esto también? Perdidos. Magister dixit.

No obstante, al final Twin Peaks tuvo un final un tanto abrupto, que no fue un corte tajante de la emisión, sino más bien una alteración del montaje y la emisión de ciertos episodios forzada por parte de la cadena ABC. Resulta que alguien de marketing tuvo la genial idea de anunciar la segunda temporada de la serie otra vez con el eslogan “¿Quién mató a Laura Palmer?”. Lynch y Frost se llevaron las manos a la cabeza… ellos sabían que el espectador es un ser impaciente al que hay que ofrecer constantemente cosas nuevas, y su intención era que a estas alturas de la serie a la gente le importara un comino quién había matado a Laura; había misterios más importantes que resolver. Y probablemente de no ser por este contratiempo publicitario, la jugada les hubiera salido bien. De esa manera, el último episodio, en el que se desvelaba la autoría del asesinato y todos los misterios quedaban resueltos (excepto un par que se dejaban a la imaginación del espectador, ofreciendo la serie siempre las claves para resolverlos, no como otros guionistas que yo me sé…), pasó a tener lugar cuando aún quedaban varios capítulos para que acabara la temporada.

Lo que ocurrió después fue algo que se podía haber visto venir: resuelto el misterio de la muerte de Laura, la audiencia hizo BAM contra el suelo, porque en realidad a muchos les importaban un pepino muchos de los otros misterios. La gente quería saber lo que el de marketing les había dicho que tenían que querer saber. Una vez lo supieron, muchos dejaron de ver la serie.

Otros la siguieron hasta el final, para encontrarse que… no había más, que la tensión narrativa, que habría ido creciendo hasta el revelador episodio final, se desvanecía al alterar el orden de los acontecimientos, así que lo que quedaba después parecía como una adición, una cosa que colgaba y que parecía sobrar, como un tumorcillo, aunque no fuera del todo así. Y eso, que el final de Twin Peaks es extraño debido a esto.

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Si no le encontrábais la gracia a esto en Los Simpsons, es porque no sabíais de Twin Peaks. “¡Que mire el traje, coño!”.

Pero, a pesar de su desequilibrado final, Twin Peaks sigue siendo un punto de inflexión en la forma de hacer y ver televisión. Sigue siendo una serie con una mitología magnífica y una legión de seguidores acérrimos que creó escuela. Como ya se ha dicho en más de una ocasión, Expediente X es su heredera espiritual más directa, y es que, en general, cualquier cosa que tratara el tema sobrenatural durante los años noventa (cosa que sucedió mucho) bebía, directa o indirectamente de Twin Peaks.

No barrió del todo esa forma de hacer las series estilo Cosas de casa, porque es muy rentable y fácil para los productores y guionistas, porque les funciona. Prueba de ello es que existen Friends, Big Bang, Cómo conocí a vuestra madre y demás sitcoms que son hijas de Will Smith y Steve Urkel.

Vale, tal vez no debería haber dicho eso de Will Smith y Steve Urkel. Qué grima.

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Y ahora me voy a permitir un detallito… a los que jugáis a juegos… ¿no os dice algo todo esto? ¿No os suena la historia? Pueblo misterioso entre montañas con pinos y un lago, asesinatos, sectas, elementos sobrenaturales, un gran misterio por resolver y un tratamiento sublime de la imagen y el sonido para inquietar al espectador… la foto de aquí encima. ¡Silent Hill, leches! ¡Silent Hill es otro de los hijos de Twin Peaks! Si por eso he empezado la entrada como he empezado, no por llenar hueco (bastante estoy llenando ya). Es que como acabo de empezar en el blog, pues no doy puntada sin hilo.

Twin Peaks queda aquí, dormido en la memoria colectiva durante 25 años, pero la carrera de David Lynch como cineasta no se detiene. Continuamos y nos preparamos para las conclusiones finales, que llegarán… ahora en un momento. Ya acabamos, lo prometo. Pero esto es ineresante ¿no? Joer, que le estoy poniendo empeño, mira que me estoy currando la entrada ¿eh? Que… que la quito. Ssh, eh. A mí no me levantes la voz ¿A padre? ¿A padre le vas a levantar la voz? ¡Mira que te obligo a ver el montaje del director de Nymphomaniac! Eso, ahí. Quietecico, a estudiarte la lección, hombre ya.

La siguiente película de Lynch sería Corazón Salvaje, de 1990, una especie de historia de amor o de cuento violento y extremo que carece de estructuras laberínticas, personajes misteriosos y momentos ajenos a la lógica. El protagonista es (*escalofrío*) Nicholas Cage.

Este intento de explorar su rama más clásica culminaría con Una historia verdadera (1999), coescrita por la mujer de Lynch, que es su montadora habitual. Suele decirse que, de todas las películas de David Lynch, Una historia verdadera es la más convencional, pero eso es así sólo hasta cierto punto. Tal vez no tenga ningún elemento perturbador ni muestre los claroscuros del ambiente como se hace en Terciopelo azul, pero el tratamiento de la historia sigue siendo muy propio. La historia puede recordar a Nebraska, ya que ambas películas tienen ciertos temas en común.

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Una historia verdadera es el apasionante relato de un hortelano gigante y un John Deere descapotable. No, menos risas, que es una peli bonita 😥

Como es una de las películas del director de las que menos se habla, comentaré un poco la trama. Básicamente es la historia de un hombre, ya en los últimos años de su vida, que recorre la mitad del estado montado en un cortacésped para reunirse con su hermano, al cual lleva mucho tiempo sin ver debido a una discusión y a “demasiado orgullo, demasiado whiskey y demasiado poco sentido común”, o algo así que decía. Básicamente es un viaje de redención, en el cual el anciano va expiando sus pecados, porque no es un viaje fácil. Va en un cortacésped, joder ¿sabéis lo lento que va eso? Pues imagínate ir así desde O Grove hasta Palencia. O más. Te pué dar algo.

Por el camino, como si fuera un via crucis, irá haciendo paradas, en las cuales se encontrará con personajes que representan partes de la sociedad que se intenta retratar en la película, cada uno con sus intenciones, objetivos, dramas y opinión de la misión del protagonista. Una película muy boniqueta pero con un toque peculiar, me extraña que no tenga más seguidores.

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Las tres siguientes películas de David Lynch son esas tres de las que todo el mundo habla por internet. Para empezar, está Carretera perdida (1997), que ponemos aquí porque encaja mejor por temática, aunque no por fecha. Todos los elementos del cine de Lynch vuelven a estar aquí presentes, para deleite de los fans.

¿Por qué existe Una historia verdadera, entonces? En mi opinión, aquí Lynch descansa un poco de su propia fórmula y de la reiteración de sus obsesiones. Le gusta hacer películas, pero también le gusta explorar nuevos caminos artísticos, así que tal vez las tres películas que son más alabadas por el público (y también muy respetadas por la crítica) no sean sino, hasta cierto punto, un ejercicio de automatismo por parte del director.

Después de carretera perdida va Mulholland Drive (2001), un peliculón lo mires por donde lo mires que mezcla de todo pero que, principalmente, es un viaje para el espectador, que, si sabe entender las claves, comprenderá que se le pide que se relaje y se deje llevar al principio de la película. Las explicaciones acaban llegando a su tiempo, aunque no están las respuestas a todas las preguntas ni falta que hace. Ya dijimos que las pelis de este señor no tenían mucha lógica. No son películas para entenderlas, son para verlas.

David Lynch Cannes 2001 con Naomi Watts, Laura Harring y Justin Theroux.jpg

David Lynch en Cannes en 2001 con el reparto de Mulholland Drive.

La última película que hizo Lynch fue Inland Empire (2006), y su ampliación More things that happened (2007) (que, básicamente, son escenas eliminadas de la película que, dado su carácter episódico, básicamente se quitaron y punto). Inland Empire dura más o menos tres horas y no se entiende ni media. Se desarrolla entre diversos niveles argumentales que no casan entre sí. He oído rumores de los cuales no me acabo de fiar, sobre que Lynch rodó esta película sin guion previo. Si fue así, pues he de decir que no me extraña.

¿Está bien la película? Pues está bastante bien, teniendo en cuenta que es un ejercicio de extrema intimidad dentro del estilo del director y que casi es una película para él mismo en vez de para el público. Es interesante si te gusta Lynch, pero creo que para introducirse en el director es la menos adecuada y que, si no se ha visto alguna de las otras antes, genera rechazo más que otra cosa. Es una gran película, este señor es bueno, pero su estilo es como es, y tiene los defectos que tiene.

Si le intentas buscar lógica a la película, vas mal. No hay. Si quieres piensa que son cortometrajes sin relación. Si quieres piensa que esas cositas que parecen cohesionar la historia son casualidad. Si quieres piensa en otra película mientras ves esta, cual pareja hastiada de sí misma, pero si haces eso, pues luego no vayas a decir que te ha encantado la película, como hacen algunos.

Sí, es el ejercicio más extremo dentro de la forma de Lynch de crear confusión e inquietud, pero eso juega más en contra de la película que a favor. La crítica se polarizó muchísimo con ella, y algunos prácticamente se cebaron. El público tampoco hizo mucho caso. Tampoco es para culparles, ese año también se estrenaron Infiltrados, Cartas desde Iwo Jima, Pequeña miss sunshine, La vida de los otros, Hijos de los hombres… vamos, que por otras películas buenas para ver ese 2006 no sería, no.


Desde Inland Empire, David Lynch no ha vuelto a trabajar en el cine. Ha hecho un par de cortometrajes, se ha dedicado a pintar, a hacer música, a diseñar bares, a hacer una marca de café, a catar vinos (como la última vez que estuvo en España), a diseñar ropa, muebles… vamos, que de todo menos películas.

Le está costando que le produzcan otro film, por lo que parece. Pero, a ver, es David Lynch: se las podría producir él o, simplemente, enseñar el carnet de identidad a algún productor con un guion al lado para conseguir financiación ¿no? Sí, claro que sí… a no ser que te presentes con algo como Inland Empire 2 o peor… Dune 2, algo así. Alguien me comentó que Lynch afirmó en una ocasión que tiene unas 12 horas de material de Dune y que, cuando se aburra, un día de estos, hará el montaje del director. No me suena tan descabellado después de 6 mesacos de rodaje, pero no he podido encontrar la entrevista por ninguna parte. El caso es que tal vez esta pausa tan dilatada se deba a una falta de ideas en el plano audiovisual, o al menos una falta de ganas de volver a pasar por los mismos caminos por los que ya ha pasado.

¿Veis ahora por qué la Temporada 3 de Twin Peaks tiene doble importancia? Por un lado, es el regreso a la televisión de un titán. Es Rocky Balboa volviendo para un último combate por el título, a defender que nadie sigue el Manual para ser una serie magistral mejor que ella, porque ella lo escribió (léase con voz de Stallone). Por otro lado, es el primer trabajo de Lynch en cine o televisión en unos ocho años. Ocho años, que se dice pronto. Bueno, a Terrence Malick esto le parecerá una pausa para el café, pero para Lynch, es mucho tiempo, por mucho que le guste el café.

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Aquí siempre hemos tenido auténticos titanes de la narración televisiva.

¿Qué puede pasar ahora? Pues puede pasar que Lynch dé algún tipo de giro creativo y encuentre nuevos caminos que explorar, y que siga haciendo películas por esos derroteros. También puede pasar que sí, que haga ahora Twin Peaks 3, pero que ese nuevo camino que encuentre no sea dentro del cine, que se meta a pintor o algo. Al fin y al cabo, su educación tiraba para allá al principio.

Hay quien me dice que también puede pegar un puñetazo sobre la mesa reivindicando su estilo con la obra más radicalmente personal que sea capaz de hacer… pero eso ya existe, y se llama Inland Empire. Bueno, nunca digas de este agua no beberé.

La temporada nueva va a estar enterita dirigida por David Lynch, con lo cual seguramente tendrá tiempo tanto de ejecutar sus habituales juegos de cámara y sonido como de probar nuevas cosas y experimentar. Por mí que juegue, que busque cosas, que igual así acaba encontrando algo que merezca la pena.

Lynch es un realizador muy a tener en cuenta y no está haciendo películas. Muy mal. Qué haga cosas, hombre, que dedicarse a catar vinos y abrir bares está bien, pero hacer pelis mola más. Puede que al final todo sea un fiasco y todos salgamos escaldados ¿Quién sabe? Por mi parte, de momento prefiero mantener la ilusión de que de aquí va a salir algo digno de ver.

Me inclino por pensar que ahora que lleva un tiempo haciendo esas otras cosas que quiere hacer, se pondrá a hacer películas un poco más comprensibles (o no), pero que reservará un huequecillo para hacer trabajos más experimentales un poco en casa, con una cámara y cuatro cosas. Igual se hace youtuber o algo. ¿Os imagináis un canal de gameplays con David Lynch? Con lo que hemos visto, podría ser de todo, desde Davyd Lynch juega Minecraft hasta David Lynch jugando con barbies, como en el anuncio del café.

La pregunta final está muy clara: ¿no podían Kojima y del Toro hacer una película decente basada en Silent Hill 2 ya que han empezado? Lo tengo, el futuro está claro. Un canal de Youtube: David Lynch juega Silent Hill.

He salvado el universo.

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5 comentarios en “En perspectiva – David Lynch

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